Qué loco corazón, cómo latía
al escuchar tu voz, rozar mi oído,
fue tan grato, tan dulce su sonido,
que aún conservo su dulce melodía.
Como niños que ofrendan su alegría
rescatamos la risa del olvido,
el amor, se asomó sin hacer ruido
y tu mano encontró la mano mía.
Hicimos del destino nuestra alianza,
o la ternura, como única razón,
y volamos en pos de nuestra estrella.
En un halo de mágica esperanza
renace en nuestra vida la ilusión,
que en el pecho, galopa y se atropella.
Ana Mercedes Villalobos
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