Lo hemos tragado, casi de cualquier modo, casi en cualquier parte…
entre ese sentir con flexión y reflexión…
tras esos vientos, que nos llevaron, como un dolorcillo de ojos;
con esas noches batalladoras,
esas geometrías desbocadas,
y ese ángel de los conjuntos abstractos...
la reputación del circo,
y esos anhelos que dibujamos, con las orejas.
Cuando se nos atropellan, los síntomas urbanos, y los aguijones de tinta moderna;
ese compañerismo, nos apacigua…
y nos liberan de tantas cosas, sus voces cantarinas…
los instantes hechizados,
cuando revoloteamos con las mariposas más divertidas…
Exuberancias, de márgenes dorados, que soñamos despiertos;
las raíces de los recuerdos, en la piel.
El reverso de los pájaros, que concede plazo, o concede vida…
lo que escarbaron, de nosotros mismos, esas guitarras en trance;
esa sed de puentes interminables…
De los matemáticos furtivos, que reinventaron el barrio;
mientras os busca, esa gracia de alientos en onda…
el complementario de la chispa, por itinerarios de autobuses...
mientras busco, el número de su portal, en la ecuación de mi afeitado…
con el cálido motor que ronronea,
y esa promesa, guardada en aguardiente.
Honduras indefinibles y orientables, que confabulan, amistad y musa…
decisiones con Súper Mario, y un balcón de burbujas con tesoro.
Desde los recovecos de una matriz de arados,
hacia el calor de un circulo de manos…
hacia esas flores, apuntaladas y vertiginosas…
entre ese sentir con flexión y reflexión…
tras esos vientos, que nos llevaron, como un dolorcillo de ojos;
con esas noches batalladoras,
esas geometrías desbocadas,
y ese ángel de los conjuntos abstractos...
la reputación del circo,
y esos anhelos que dibujamos, con las orejas.
Cuando se nos atropellan, los síntomas urbanos, y los aguijones de tinta moderna;
ese compañerismo, nos apacigua…
y nos liberan de tantas cosas, sus voces cantarinas…
los instantes hechizados,
cuando revoloteamos con las mariposas más divertidas…
Exuberancias, de márgenes dorados, que soñamos despiertos;
las raíces de los recuerdos, en la piel.
El reverso de los pájaros, que concede plazo, o concede vida…
lo que escarbaron, de nosotros mismos, esas guitarras en trance;
esa sed de puentes interminables…
De los matemáticos furtivos, que reinventaron el barrio;
mientras os busca, esa gracia de alientos en onda…
el complementario de la chispa, por itinerarios de autobuses...
mientras busco, el número de su portal, en la ecuación de mi afeitado…
con el cálido motor que ronronea,
y esa promesa, guardada en aguardiente.
Honduras indefinibles y orientables, que confabulan, amistad y musa…
decisiones con Súper Mario, y un balcón de burbujas con tesoro.
Desde los recovecos de una matriz de arados,
hacia el calor de un circulo de manos…
hacia esas flores, apuntaladas y vertiginosas…