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La arcilla

lesmo

Poeta veterano en el portal
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

[...]

Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.
 
Última edición:
Aún sin haber podido descifrar el alma del poema, su cadencia, fluidez y riqueza de palabras me han hecho disfrutarlo. Gracias por compartir tu arte, amigo poeta!! Un abrazo
Tal vez, mi querido Miguel, hube de introducir estas letras mías con aquellas otras magistrales de Lope de Vega...

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Que interés se te sigue, Jesús mío,
[,,,]

Gracias mil, siempre a ti, querido compañero, por cómo tratas mi propuesta y por tu visita entrañable.
Con mucho afecto, un abrazo fuerte y fraterno.
Salvador.
 
Excelente...he tenido un tiempo para recorrer escritos ajenos, y me he encontrado hoy con poemas preciosos como este tuyo.
Saludos:
Malena.
.
Celebro enormemente, estimada Malena, que te hayan resultado aceptables estas letras mías. Agradezco muy mucho la compañía que supone este comentario generoso y amable.
Con todos mis afectos un saludo muy cordial.
Salvador.
 
Un soneto verdaderamente notable, Salvador; una vez captado el sentido profundo de tus versos que desde el prisma de los que lo anteceden (los de Lope) cobran verdaderamente plenitud de significado, he de decirte que me has dejado verdaderamente admirado por la belleza de esta composición para mí impecable.

Has de tener en cuenta, para que consideres en más mi admiración por este soneto, que yo estoy muy alejado ya de las creencias en ese Jesús que parece procurar tu amistad; hace tiempo que desapareció de mis inquietudes el tema religioso, pero con todo y eso te digo que este trabajo me parece magistral.

Te felicito de verdad, poeta.

Un abrazo.



¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

[...]

Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.
 
Última edición:
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

[...]

Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.
Cualquiera que haya leído al Fénix de los Ingenios verá en tu soneto ciertos rasgos idénticos a los de la obra que reseñas. El esquema de rimas, por ejemplo; la similitud en las consonancias (-ura, -uras) y, por supuesto, el desarrollo de la temática a partir del poema existente. Aún así, encuentro que tiene mucho mérito como valor de glosa y también por ese final que, a pesar de sus ambigüedades semánticas, le concede una fuerza poética notable.

La lamentación explícita en el verso 13 me parece excelente («qué poco es lo que vale aquella arcilla»); luego le siguen esas dos interrogantes indirectas, acerca del valor de la arcilla, que yo entiendo de otra manera. ¿No debería ser «cuánto vale aquella arcilla; cuánto en tu mano y cuánto tu saliva en ella? Pregunto porque encuentro más lógico hablar de la saliva en la arcilla y de la arcilla en la mano, aunque la forma en que lo has dicho no deja de sobreentenderse. Tú me dirás. De cualquier manera, encuentro tu soneto muy bien inspirado y exquisítamente ejecutado.

Un abrazo.
 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

[...]

Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.


Apreciado Salva, es muy elevado tu poema, impecable, conmovedor, que nos deja muestra de tu arte. Un placer de lectura.
Un abrazo grande, a un poeta grande.
Isabel
 
Un soneto verdaderamente notable, Salvador; una vez captado el sentido profundo de tus versos que desde el prisma de los que lo anteceden (los de Lope) cobran verdaderamente plenitud de significado, he de decirte que me has dejado verdaderamente admirado por la belleza de esta composición para mí impecable.

Has de tener en cuenta, para que consideres en más mi admiración por este soneto, que yo estoy muy alejado ya de las creencias en ese Jesús que parece procurar tu amistad; hace tiempo que desapareció de mis inquietudes el tema religioso, pero con todo y eso te digo que este trabajo me parece magistral.

Te felicito de verdad, poeta.

Un abrazo.
Querido amigo Juan Ramón: me has regalado un comentario que es para recordar. Que esta composición resulte agradable a tus gustos constituye una bocanada de ánimo ciertamente generosa que valoro muchísimo. No es fácil tratar este tema y encontrar una voz amiga que, desde la posición que sea, diga lo que tú me has dicho imaginarás cuánto he de agradecerlo.
Te abraza con todos los afectos de los que es capaz,
Salvador.
 
Cualquiera que haya leído al Fénix de los Ingenios verá en tu soneto ciertos rasgos idénticos a los de la obra que reseñas. El esquema de rimas, por ejemplo; la similitud en las consonancias (-ura, -uras) y, por supuesto, el desarrollo de la temática a partir del poema existente. Aún así, encuentro que tiene mucho mérito como valor de glosa y también por ese final que, a pesar de sus ambigüedades semánticas, le concede una fuerza poética notable.

La lamentación explícita en el verso 13 me parece excelente («qué poco es lo que vale aquella arcilla»); luego le siguen esas dos interrogantes indirectas, acerca del valor de la arcilla, que yo entiendo de otra manera. ¿No debería ser «cuánto vale aquella arcilla; cuánto en tu mano y cuánto tu saliva en ella? Pregunto porque encuentro más lógico hablar de la saliva en la arcilla y de la arcilla en la mano, aunque la forma en que lo has dicho no deja de sobreentenderse. Tú me dirás. De cualquier manera, encuentro tu soneto muy bien inspirado y exquisítamente ejecutado.

Un abrazo.
Querido Elhi: ¡Cómo no darte la razón en cuanto dices! Te soy sincero, había preparado una respuesta elaborada para tu comentario pero prefiero dejar a la naturalidad lo que pueda decir como respuesta a tus palabras. Efectivamente hay similitudes entre el soneto del grandísimo Lope y mi propuesta que ciertamente saltan a la vista, como bien has señalado. El que veas aceptables mis letras a modo de glosa es ya bastante elogio para mí. La construcción del verso final puede ser ambigua, en efecto, pero si se ve bajo el prisma del pasaje evangélico en que Jesús haciendo barro con su saliva y con su mano cura al ciego no es difícil inferir que cualquier pobre arcilla adquiera así un valor enorme e inusitado, incluso la arcilla de la que está hecho el hombre y con la que quise significar su debilidad, en este caso mi debilidad. Pero hay otras diferencias conceptuales entre lo que quiso expresar Lope en el suyo y lo que he intentado expresar en el mío. Él no abre la puerta de su casa -de su alma- que contrasta con el terrible frío y el hielo que llega a secar las llagas de las plantas puras de Jesús que está a la intemperie. Se podría entender que dentro de esa casa hay cierto confort. En mi propuesta el ambiente interior es absolutamente inhóspito, asilo del reptil y de unos cardos que se agostan por falta de nutrimiento en el pedregal que se representa. También como diferencia hay una cerradura que se abre desde fuera, no desde dentro. El hombre no es el que abre la cerradura sino el propio Jesús y el habitante de aquel terrible lugar de forma inopinada se encuentra con Él. Algo así como le ocurrió al de Cirene que fue obligado, a su pesar, a cargar con la cruz de un Jesús exhausto camino del Gólgota, y por orden de los verdugos. Y a ese hombre sorprendido le es entregada una semilla. Ya que todo el poema está referido a mí, a mí se me confió esa semilla y he hecho con ella lo que he podido y a regañadientes y, por supuesto, seguro menos de lo que se esperaba. He aquí el panorama que presento. Pero al final está la saliva y la mano de Cristo que cura las cegueras.
Te agradezco muchísimo que hayas aguantado estas reflexiones si te han resultado cargantes y te pido disculpas por ello. Pero también te agradezco la consideración que me muestras y me has mostrado siempre.
Con todo afecto, un abrazo fuerte y fraterno.
Salvador.
 
Apreciado Salva, es muy elevado tu poema, impecable, conmovedor, que nos deja muestra de tu arte. Un placer de lectura.
Un abrazo grande, a un poeta grande.
Isabel
Querida Isabel: Todo un honor es que te hayas asomado a este espacio a dejar tu amabilísima palabra. Celebro que consideres con tu gusto exquisito aceptables estas letras mías. El placer será siempre mío.
Con todo cariño, un abrazo muy fuerte y fraterno, amiga.
Salva.
 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

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Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.
Una más que honrrada inspiración de nuestro gran poeta.
Mi aplauso por esta belleza
Un fuerte abrazo
 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

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Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.
Muy original y fluido contexto, grato leerle
 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

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Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.

Un soneto que efectivamente nos recuerda a Lope. Así que ya eso es algo notable. Me gustan mucho los cuartetos y y los dos versos finales. Un buen ejemplo de la buena poesía del foro de clásica. Así pues, para arriba. Abrazos.
 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,...

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Lope de Vega


¿Qué quieres de este huerto, piedra pura?,
¿acaso no lo viste ceniciento,
las tapias derrüidas por el viento,
cubierto de salitre y de amargura?

¿No viste cardos secos de tristura
ni el nido del reptil, voraz y hambriento?
De esta soledad y abatimiento,
¿qué esperas al abrir la cerradura?

¿A quién es que has dejado tu semilla?...,
¿a aquél que solo tiene un mal secano
de tanta negación que te mancilla?

Pero si te encontraste al ser humano
qué poco es lo que vale aquella arcilla
y cuánto en tu saliva y en tu mano.
Salvador
He notado, estos últimos días, como se te desprenden de la piel los versos y por debajo vienen y caen otros...y otros. Saludos cordiales.
 
Un soneto que efectivamente nos recuerda a Lope. Así que ya eso es algo notable. Me gustan mucho los cuartetos y y los dos versos finales. Un buen ejemplo de la buena poesía del foro de clásica. Así pues, para arriba. Abrazos.
Celebro mucho que haya sido de tu agrado, querido amigo. Mil gracias por el rescate y la amabilidad del comentario.
Con un abrazo muy fuerte.
Salva.
 

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