Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Susurras con fascinante mansedumbre,
¡tu adiós...tan suave...!
Corro al compás circular del Tío vivo,
la música desliza desde lo más alto,
desde una esfera central que no distingo
y me envuelve. Y mientras ascendemos
bailamos: tu cabellera me acaricia y
rozo tus labios y sujeto tu talle ceñido.
"No quiero más tristeza, no más olvidos;
perdono desvíos; fui simple cáscara de
nuestro suceso..."
Tal vez asciendas vestida de tul, tal vez
transmutes en ángel y ya no te vea,
o me regales el poder de miel de tus ojos,
y sobre el majestuoso caballo alado,
envuelta en tu brillante túnica mires
con ojos nacarados y vayas al reino
dorado...
¿ Por qué- invisible amada- te desvaneces?
Los rayos violáceos ya te envuelven
y un sendero de nubes blondas amortiguan,
y te dejo ir, te dejo partir, nada haré,
percibo estremecido el roce protector de
tu aura y luces extrañas bengalas y el
bruñido fulgor que no oprime,
noche mezquina, que no desvanece...
¡tu adiós...tan suave...!
Corro al compás circular del Tío vivo,
la música desliza desde lo más alto,
desde una esfera central que no distingo
y me envuelve. Y mientras ascendemos
bailamos: tu cabellera me acaricia y
rozo tus labios y sujeto tu talle ceñido.
"No quiero más tristeza, no más olvidos;
perdono desvíos; fui simple cáscara de
nuestro suceso..."
Tal vez asciendas vestida de tul, tal vez
transmutes en ángel y ya no te vea,
o me regales el poder de miel de tus ojos,
y sobre el majestuoso caballo alado,
envuelta en tu brillante túnica mires
con ojos nacarados y vayas al reino
dorado...
¿ Por qué- invisible amada- te desvaneces?
Los rayos violáceos ya te envuelven
y un sendero de nubes blondas amortiguan,
y te dejo ir, te dejo partir, nada haré,
percibo estremecido el roce protector de
tu aura y luces extrañas bengalas y el
bruñido fulgor que no oprime,
noche mezquina, que no desvanece...
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