Hubiese preferido no haber venido ante ti:
¡Mi Señor!
Es que estos son versos de AMOR bonito
y un evento me ha trillado
a dejarte una plegaria,
pues sin querer he visto en una frágil mujer y su crío
la inocencia ultrajada;
y no me cabe en el cuerpo la impotencia
y me pica la piel del ardor,
es vomitivo mi coraje
masticando la bravura
frente a la insolente figura.
Conmuévete de sus débiles esencias
¡Mi Señor!
Esas que traen el alma remolcada
y no pueden mantener erguida la columna
clavando sus ojitos en el suelo donde pisa su dueño.
¿Por qué?
Tanta ingenuidad ha sido arrinconada
ante la humillante bofetada de los verdugos,
devuélvele su candor y valentía, te lo ruego.
¡Mi Señor!
Dales sosiego a sus almas, a sus espíritus,
que alcancen su AMOR propio en las aguas de tu reflejo,
que como auto-manumisores sanen sus códigos errados
y liberados despierten, vuelvo y digo al bendito AMOR
Redimidos como párvulos girasoles
abran su dorada luz,
levantándose
a todo lo que dan los brazos del sol.
¡GRACIAS!