BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay amor. Recibos y facturas lo demuestran.
Un menosprecio hacia ellos, vence a los diarios
desplegados por el comedor y por las habitaciones
desordenadas. Cajones con violetas encendidas,
de perfume seco, con variaciones de color.
Hay escolares tiernos, casi capaces de obtener
el sagrado delirio de los días hostiles. Un amanecer
de copas enfrentadas y también vacías, de nogales
y setos prohibidos, detrás, vaivenes de hojas
tapian las opciones de un pequeño ventanal al río.
La luna tapa ahora los bordes de una cama inexistente.
Y los amigos, los enemigos,
las sonrisas dormitando, en espacios cerrados,
como leñadores de algún bosque.
Donde yo dormí en algunos momentos.
©
Un menosprecio hacia ellos, vence a los diarios
desplegados por el comedor y por las habitaciones
desordenadas. Cajones con violetas encendidas,
de perfume seco, con variaciones de color.
Hay escolares tiernos, casi capaces de obtener
el sagrado delirio de los días hostiles. Un amanecer
de copas enfrentadas y también vacías, de nogales
y setos prohibidos, detrás, vaivenes de hojas
tapian las opciones de un pequeño ventanal al río.
La luna tapa ahora los bordes de una cama inexistente.
Y los amigos, los enemigos,
las sonrisas dormitando, en espacios cerrados,
como leñadores de algún bosque.
Donde yo dormí en algunos momentos.
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