BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sé que la noche me conoce
como sé
que no tengo residencia fija.
Mi único punto de anclaje, de inmovilidad
persistente, mi cuerpo. Vasto, o basto,
como prefieran. Cabeza de náufrago,
en un mar solitario, de venas y regocijo
interno. Cada cual se mancha las manos
con aquello que ama: vean, mis manos,
manchadas de esto y de aquello, de estas
esencias perdidas: de pendientes concluidas
y de trigos y remolachas y calientes vísceras
de animal compartido. Vean mi cuerpo, austero,
dilatado corredor, pasadizo visible, clara
mampostería, llena de exigencias y premuras.
Cuando me digan, ''has sido olvidado'',
todavía aguantaré con el peso de mi cuerpo
hundido, amoratado, un islote sin habla.
©
como sé
que no tengo residencia fija.
Mi único punto de anclaje, de inmovilidad
persistente, mi cuerpo. Vasto, o basto,
como prefieran. Cabeza de náufrago,
en un mar solitario, de venas y regocijo
interno. Cada cual se mancha las manos
con aquello que ama: vean, mis manos,
manchadas de esto y de aquello, de estas
esencias perdidas: de pendientes concluidas
y de trigos y remolachas y calientes vísceras
de animal compartido. Vean mi cuerpo, austero,
dilatado corredor, pasadizo visible, clara
mampostería, llena de exigencias y premuras.
Cuando me digan, ''has sido olvidado'',
todavía aguantaré con el peso de mi cuerpo
hundido, amoratado, un islote sin habla.
©