Nat Guttlein
さん
Lo prohibido lucha contigo,
saber que las agujas del reloj te hieren,
horas, segundos y minutos que se expanden como la humedad del techo.
La ropa sigue aún en el suelo,
la culpa revolotea sobre tus oídos,
manos sudadas trazando horizontes,
corazones al ritmo del deleite.
Las promesas se encuentran gastadas y recicladas,
las consecuencias parecen recorrer la habitación,
es fácil ignorar el dolor,
pero no el sonido del teléfono,
aquel que aparece de la nada.
Melodía que danza al compás de una despedida,
una que por ser tan sencilla,
se vuelve imposible.
saber que las agujas del reloj te hieren,
horas, segundos y minutos que se expanden como la humedad del techo.
La ropa sigue aún en el suelo,
la culpa revolotea sobre tus oídos,
manos sudadas trazando horizontes,
corazones al ritmo del deleite.
Las promesas se encuentran gastadas y recicladas,
las consecuencias parecen recorrer la habitación,
es fácil ignorar el dolor,
pero no el sonido del teléfono,
aquel que aparece de la nada.
Melodía que danza al compás de una despedida,
una que por ser tan sencilla,
se vuelve imposible.