Felipe Fuentes García
Poeta asiduo al portal
I SIN TI...
Una herida sin ti se me agiganta,
tu ausencia arrasa toda sembradura
y es el orto el envés de nieve oscura
de un pájaro de luz que ya no canta.
Oye mi pecho. Sobre mi garganta
desboca el corazón su queja pura;
lejos de ti no hay sombra ni espesura
con tanta niebla ni con noche tanta.
Muda es mi voz si tu mirar es vano,
desértico, mi ser de parte a parte,
y humo si tú no estás, todo mi fuego.
Vente, amor, hasta mí, dame tu mano,
que pueda retenerte y cobijarte,
no te vayas a ir, que quedo ciego.
II YA NADA QUEDA AQUÍ
Ya nada queda aquí. No queda nada
que puedas ya decirme con tus ojos.
Son abrojos tan sólo, son abrojos
lo que rueda en tropel de esencia ajada.
Palpo a ciegas el mundo; la alborada
vierte en sombra tupida sus despojos.
Oigo el correr de sellos y cerrojos
con que hiende el dolor su oscura herrada.
Hoy es ayer. Te fuiste por tu noche
como niebla de voz de ardido broche
cegando en su brocal la luz del día.
Erigiste un pretil con que tu ausencia
quedara de mi lado. En su inclemencia
llueve ahora de llanto mi agonía.
Una herida sin ti se me agiganta,
tu ausencia arrasa toda sembradura
y es el orto el envés de nieve oscura
de un pájaro de luz que ya no canta.
Oye mi pecho. Sobre mi garganta
desboca el corazón su queja pura;
lejos de ti no hay sombra ni espesura
con tanta niebla ni con noche tanta.
Muda es mi voz si tu mirar es vano,
desértico, mi ser de parte a parte,
y humo si tú no estás, todo mi fuego.
Vente, amor, hasta mí, dame tu mano,
que pueda retenerte y cobijarte,
no te vayas a ir, que quedo ciego.
II YA NADA QUEDA AQUÍ
Ya nada queda aquí. No queda nada
que puedas ya decirme con tus ojos.
Son abrojos tan sólo, son abrojos
lo que rueda en tropel de esencia ajada.
Palpo a ciegas el mundo; la alborada
vierte en sombra tupida sus despojos.
Oigo el correr de sellos y cerrojos
con que hiende el dolor su oscura herrada.
Hoy es ayer. Te fuiste por tu noche
como niebla de voz de ardido broche
cegando en su brocal la luz del día.
Erigiste un pretil con que tu ausencia
quedara de mi lado. En su inclemencia
llueve ahora de llanto mi agonía.
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