Poema I.

Paul.Acosta

Poeta recién llegado
I.

Amor mío.
Soy el que escribe poemas,
delirios en mi almohada vacía.
Tú, mi pecado de noche ciega
quien deshace las ilusiones trifulcas;
aquellas que se abstienen de su locura,
luego van seguras sobre manteles de iglesia.
Consigue tus manos mágicas, y tómame,
y como peñascos de mares bravos
ata mis pasiones a tu cama hecha de cielos
que soy el océano fugado de tus ojos achinados,
aún siento en cada caricia, tu flecha de hielo,
más la ternura de tu amar dobló para el zaguán
donde siempre te devora un recuerdo.
Sé mi frenesí, sé la espada escarchada
teñida con vino del delirio de mi sueño,
sé mi monte de bullas y cantares de poemas caídos…
también sé mi isla abandonada, sé todo,
pero no calles que te amo en esta playa imaginaria.

Edwin Paul Acosta Peña. © D.R.
 
Última edición:
I.

Amor mío.
Soy el que escribe poemas,
delirios en mi almohada vacía.
Tú, mi pecado de noche ciega
quien deshace las ilusiones trifulcas;
aquellas que se abstienen de su locura,
luego van seguras sobre manteles de iglesia.
Consigue tus manos mágicas, y tómame,
y como peñascos de mares bravos
ata mis pasiones a tu cama hecha de cielos
que soy el océano fugado de tus ojos achinados,
aún siento en cada caricia, tu flecha de hielo,
más la ternura de tu amar dobló para el zaguán
donde siempre te devora un recuerdo.
Sé mi frenesí, sé la espada escarchada
teñida con vino del delirio de mi sueño,
sé mi monte de bullas y cantares de poemas caídos…
también sé mi isla abandonada, sé todo,
pero no calles que te amo en esta playa imaginaria.

Edwin Paul Acosta Peña. © D.R.

Apasionadas declaraciones con sentidas metáforas que embellecen los sentimientos expresados en tu buen poema.

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I.

Amor mío.
Soy el que escribe poemas,
delirios en mi almohada vacía.
Tú, mi pecado de noche ciega
quien deshace las ilusiones trifulcas;
aquellas que se abstienen de su locura,
luego van seguras sobre manteles de iglesia.
Consigue tus manos mágicas, y tómame,
y como peñascos de mares bravos
ata mis pasiones a tu cama hecha de cielos
que soy el océano fugado de tus ojos achinados,
aún siento en cada caricia, tu flecha de hielo,
más la ternura de tu amar dobló para el zaguán
donde siempre te devora un recuerdo.
Sé mi frenesí, sé la espada escarchada
teñida con vino del delirio de mi sueño,
sé mi monte de bullas y cantares de poemas caídos…
también sé mi isla abandonada, sé todo,
pero no calles que te amo en esta playa imaginaria.

Edwin Paul Acosta Peña. © D.R.
Bello poema de amor amigo Paul, sugerentes imágenes y certeras metáforas. Un abrazo. Paco.
 

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