Maroc
Alberto
Día 29, año 2000 del calendario cristiano,
los tramoyistas decoran la escena,
los actores y las actrices desempeñan su papel;
asesinos o víctimas preparados y ensayadas de antemano
en universidades o centros de entrenamiento militar.
El ejército israelí, protagonista cretino y tuerto,
cual Mosed Dayan de la matanza,
porta armas de última generación
suministradas por el imperio de los imbéciles;
hay que probar los nuevos ingenios de la muerte para verificar,
en aquel campo de entrenamiento,
que cualquier persona que luche por la libertad,
la justicia o la causa del bien
podrá ser extirpada del medio
para continuar el progreso hacia un apocalipsis
sin sed, agua, ni cementerio;
el árbol centenario tiembla
y tiembla la propia tierra mientras
el hombre mata la esencia, única, de la vida.
Se levanta el telón para el primer acto
en el milenario complejo de las mezquitas;
usarán, como siempre,
balas de goma, gas lacrimógeno y, ¡como no!,
munición de plomo,
al menos 4 personas fallecen,
el sábado caerán 18, al día siguiente son 12
en un domingo teñido por el odio y el abuso.
Un cámara de la televisión francesa Antenne 2
enseña al universo la poción maligna
con la que se embadurnan los imbéciles y su imperio
junto a esos sionistas genocidas:
el cámara muestra la imagen de un padre intentando,
desesperadamente, proteger a su hijo de doce años
del fuego del soldado israelí;
centurión sin alma, corazón o entrañas que lo acompañen.
El padre se alza varias veces agitando su pañuelo,
suplicando la clemencia de los bárbaros,
ruega que no disparen, pero el fuego no cesa,
él recibe más de una decena impactos
que revientan carne, tendones y cariño,
la sangre de su sangre es masacrada, sin piedad,
por la metralla mientras agoniza en los brazos protectores;
única arma de la inocencia ya violada.
Mohamed al-Du-rah
se llama el Cristo niño de Palestina;
crucificado y comido por la bestia en una historia
repetida por los siglos de los siglos,
te daré el beso en la mejilla como el que dan al abrirse los capullos de las flores.
La voz de la mentira: "disturbios";
piedras contra tanques.
Ochenta palestinos yacen rígidos, destripados o sin cabeza
sobre la arena del circo judío,
la nacionalidad es un papel que no se come;
trece de los difuntos eran israelís
(naturalmente de etnia árabe).
Las matanzas y la represión sin medida
son santo y seña de cualquier imperio
que se precie, también de sus sucursales
donde los sádicos gozan de leyes que la civilización
les proporciona para hacer "su trabajo" sin "estorbos".
https://www.elperiodico.com/es/videos/internacional/mohamed-dura-protegido-padre-gaza/2262714.shtml
los tramoyistas decoran la escena,
los actores y las actrices desempeñan su papel;
asesinos o víctimas preparados y ensayadas de antemano
en universidades o centros de entrenamiento militar.
El ejército israelí, protagonista cretino y tuerto,
cual Mosed Dayan de la matanza,
porta armas de última generación
suministradas por el imperio de los imbéciles;
hay que probar los nuevos ingenios de la muerte para verificar,
en aquel campo de entrenamiento,
que cualquier persona que luche por la libertad,
la justicia o la causa del bien
podrá ser extirpada del medio
para continuar el progreso hacia un apocalipsis
sin sed, agua, ni cementerio;
el árbol centenario tiembla
y tiembla la propia tierra mientras
el hombre mata la esencia, única, de la vida.
Se levanta el telón para el primer acto
en el milenario complejo de las mezquitas;
usarán, como siempre,
balas de goma, gas lacrimógeno y, ¡como no!,
munición de plomo,
al menos 4 personas fallecen,
el sábado caerán 18, al día siguiente son 12
en un domingo teñido por el odio y el abuso.
Un cámara de la televisión francesa Antenne 2
enseña al universo la poción maligna
con la que se embadurnan los imbéciles y su imperio
junto a esos sionistas genocidas:
el cámara muestra la imagen de un padre intentando,
desesperadamente, proteger a su hijo de doce años
del fuego del soldado israelí;
centurión sin alma, corazón o entrañas que lo acompañen.
El padre se alza varias veces agitando su pañuelo,
suplicando la clemencia de los bárbaros,
ruega que no disparen, pero el fuego no cesa,
él recibe más de una decena impactos
que revientan carne, tendones y cariño,
la sangre de su sangre es masacrada, sin piedad,
por la metralla mientras agoniza en los brazos protectores;
única arma de la inocencia ya violada.
Mohamed al-Du-rah
se llama el Cristo niño de Palestina;
crucificado y comido por la bestia en una historia
repetida por los siglos de los siglos,
te daré el beso en la mejilla como el que dan al abrirse los capullos de las flores.
La voz de la mentira: "disturbios";
piedras contra tanques.
Ochenta palestinos yacen rígidos, destripados o sin cabeza
sobre la arena del circo judío,
la nacionalidad es un papel que no se come;
trece de los difuntos eran israelís
(naturalmente de etnia árabe).
Las matanzas y la represión sin medida
son santo y seña de cualquier imperio
que se precie, también de sus sucursales
donde los sádicos gozan de leyes que la civilización
les proporciona para hacer "su trabajo" sin "estorbos".
https://www.elperiodico.com/es/videos/internacional/mohamed-dura-protegido-padre-gaza/2262714.shtml
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