Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
El amor en una alcancía no se guarde,
lo que por ti siento estalle a voces,
que mi corazón palpita con premura,
golpea con fuerza el suelo
que tus dulces pies alegres pisan.
Este amor que te tengo he de jurar,
nada en tanto separe de mí
lo que quizá un día me corresponda.
Mujer, pues perdona mi atrevimiento,
por hacerte cómplice de este mí sentir,
he podido manifestar con juicio cuerdo
estos versos que sagrados considero,
es una sana conjetura la que expreso,
no pretendo una respuesta complaciente,
de tus labios que son manantiales,
de dulzura, mariposas celestes
que se visten de mar.
El amor que vuele como astronauta
y que se pose en ti un primer beso mío,
que no haya dado ayer lisonjero,
que sea ornamento de tus gráciles mejillas...
El amor en una alcancía no se guarde,
que vuele hasta tus labios la erupción de mi alma,
que duerma contigo y que pronto arda.
Dedicado a Romina con todo mi cariño.
lo que por ti siento estalle a voces,
que mi corazón palpita con premura,
golpea con fuerza el suelo
que tus dulces pies alegres pisan.
Este amor que te tengo he de jurar,
nada en tanto separe de mí
lo que quizá un día me corresponda.
Mujer, pues perdona mi atrevimiento,
por hacerte cómplice de este mí sentir,
he podido manifestar con juicio cuerdo
estos versos que sagrados considero,
es una sana conjetura la que expreso,
no pretendo una respuesta complaciente,
de tus labios que son manantiales,
de dulzura, mariposas celestes
que se visten de mar.
El amor que vuele como astronauta
y que se pose en ti un primer beso mío,
que no haya dado ayer lisonjero,
que sea ornamento de tus gráciles mejillas...
El amor en una alcancía no se guarde,
que vuele hasta tus labios la erupción de mi alma,
que duerma contigo y que pronto arda.
Dedicado a Romina con todo mi cariño.
Última edición: