BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Permanentemente alerta
siglos y siglos de abatimiento
arenas residuales que proveen
materiales indistintos que absorben
alerta y alerta, tras la época de
crucial dominio, el insomnio predilecto:
teclas que abandonan su antiguo significado,
como manchas o borrones indescifrables,
así, la materia que intenta aniquilar el lenguaje.
Yo puedo, sé, la indiferencia me castiga:
observo el mundo, participo de él?
Un café me absuelve de la memoria aciaga.
Resuelvo equidistancias múltiples
veo el mundo a través de sus celosías
deplorables, ataco lo instintivo
hasta sacudirme el barro, lo mortecino,
polvo eyaculado por galaxias aproximadas.
Desalojo el siglo, prometo victorias,
secundo el reloj de ojos de una noria
sobre su torre de oscuridad.
Alerta, permanentemente alerta!
Iris palpitantes, nubes en los cielos,
alerta! Nada queda.
Hay un hueco de pura luz
de pura luz absorbente
disolviendo los cielos
y prometiendo un colorido superfluo.
A mí me atacan, con cigarros encendidos,
el pecho, los demonios del asco.
Y escupo, esputo, la ira contenida,
el ciclo en abandono.
La orgía ha acabado.
Como nubes, el cielo
está pasando sólo.
©
siglos y siglos de abatimiento
arenas residuales que proveen
materiales indistintos que absorben
alerta y alerta, tras la época de
crucial dominio, el insomnio predilecto:
teclas que abandonan su antiguo significado,
como manchas o borrones indescifrables,
así, la materia que intenta aniquilar el lenguaje.
Yo puedo, sé, la indiferencia me castiga:
observo el mundo, participo de él?
Un café me absuelve de la memoria aciaga.
Resuelvo equidistancias múltiples
veo el mundo a través de sus celosías
deplorables, ataco lo instintivo
hasta sacudirme el barro, lo mortecino,
polvo eyaculado por galaxias aproximadas.
Desalojo el siglo, prometo victorias,
secundo el reloj de ojos de una noria
sobre su torre de oscuridad.
Alerta, permanentemente alerta!
Iris palpitantes, nubes en los cielos,
alerta! Nada queda.
Hay un hueco de pura luz
de pura luz absorbente
disolviendo los cielos
y prometiendo un colorido superfluo.
A mí me atacan, con cigarros encendidos,
el pecho, los demonios del asco.
Y escupo, esputo, la ira contenida,
el ciclo en abandono.
La orgía ha acabado.
Como nubes, el cielo
está pasando sólo.
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