De pequeña
te gustaba imitar a mamá
de pie
sobre sus zapatos de tacón
y la sonrisa embadurnada
por el carmín de su pintalabios.
Disfrutabas
haciendo girar el hula hoop
sobre tu cintura
para recibir el aplauso y el cariño
de los tuyos
en el escenario improvisado
de nuestros corazones.
A veces,
le prestabas tu alma a tus peluches
y transformabas la vida real
en guiones con un final feliz
con ellos como protagonistas.
A menudo,
corrías por la casa tratando de huir
de monstruos imaginarios,
nosotros, tus hermanos,
que entre sonrisas,
pretendíamos atraparte
para obligarte a confesar
alguna mentira inocente
o robarte un te quiero
mucho, mucho, mucho...
Han pasado los años,
y aún sigues conservando
esa forma tan especial que tienes
de decir lo que sientes con la mirada
o ese brillo en los ojos
que alumbró mi infancia.
te gustaba imitar a mamá
de pie
sobre sus zapatos de tacón
y la sonrisa embadurnada
por el carmín de su pintalabios.
Disfrutabas
haciendo girar el hula hoop
sobre tu cintura
para recibir el aplauso y el cariño
de los tuyos
en el escenario improvisado
de nuestros corazones.
A veces,
le prestabas tu alma a tus peluches
y transformabas la vida real
en guiones con un final feliz
con ellos como protagonistas.
A menudo,
corrías por la casa tratando de huir
de monstruos imaginarios,
nosotros, tus hermanos,
que entre sonrisas,
pretendíamos atraparte
para obligarte a confesar
alguna mentira inocente
o robarte un te quiero
mucho, mucho, mucho...
Han pasado los años,
y aún sigues conservando
esa forma tan especial que tienes
de decir lo que sientes con la mirada
o ese brillo en los ojos
que alumbró mi infancia.
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