BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El aire sangra,
rasga la madrugada,
los dedos salen en auxilio
de una larga mascarada,
buscan perfumes, cantan.
Nadie les escucha, nadie
les atrapa, son delgadas
cuchillas que inventan
el alba.
Mientras las torres ofrecen
su segura honestidad a aquellos
que no se dejan asombrar, los dedos,
dígitos innumerables, sellan
alianzas para dormir en paz.
Del lecho mana sangre dormida,
salta, un enjambre de flores atenazadas:
el fruto crepita sobre las mantas.
©
rasga la madrugada,
los dedos salen en auxilio
de una larga mascarada,
buscan perfumes, cantan.
Nadie les escucha, nadie
les atrapa, son delgadas
cuchillas que inventan
el alba.
Mientras las torres ofrecen
su segura honestidad a aquellos
que no se dejan asombrar, los dedos,
dígitos innumerables, sellan
alianzas para dormir en paz.
Del lecho mana sangre dormida,
salta, un enjambre de flores atenazadas:
el fruto crepita sobre las mantas.
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