Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
FUE UN GRAN CONFLICTO
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Llevábamos años sin miel,
Llevábamos horas molestos,
llevábamos días sin vernos;
los rostros de espuma blanca
de mares rojos
de peces muertos,
que llevábamos mares dormidos
de tanto nadar inciertos.
Y de esos momentos vividos
vinieron sombras de avernos.
Llevándonos buques vencidos,
pasos doblados,
días de olvidos;
que se nos olvidó querernos.
Llevábamos noches de insomnio;
llevábamos rutas gastadas;
llevábamos luces cansadas,
horas huidas,
lluvias colmadas,
nieve quemando,
rocas durmiendo;
que abandonamos nuestras vidas
y nos transformamos en desiertos.
Teníamos musgo en las manos,
de tantos ¨te quiero¨ silentes;
de tantas flores ausentes;
de tanto esperarnos un beso;
de tantos anillos perdidos,
buqués de rencores,
que se nos helaron
el alma y los huesos.
Y estallaron las venas;
y rebozaron los ríos;
de tanto vino derramado,
y de tanto pan comido,
y de tantas tardes de bostezos.
Que se desbordaron los mares;
se estremecieron los árboles;
se encabritaron los montes,
de tantos ¨te amo¨ escondidos,
en tantos lechos de infierno.
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Llevábamos años sin miel,
Llevábamos horas molestos,
llevábamos días sin vernos;
los rostros de espuma blanca
de mares rojos
de peces muertos,
que llevábamos mares dormidos
de tanto nadar inciertos.
Y de esos momentos vividos
vinieron sombras de avernos.
Llevándonos buques vencidos,
pasos doblados,
días de olvidos;
que se nos olvidó querernos.
Llevábamos noches de insomnio;
llevábamos rutas gastadas;
llevábamos luces cansadas,
horas huidas,
lluvias colmadas,
nieve quemando,
rocas durmiendo;
que abandonamos nuestras vidas
y nos transformamos en desiertos.
Teníamos musgo en las manos,
de tantos ¨te quiero¨ silentes;
de tantas flores ausentes;
de tanto esperarnos un beso;
de tantos anillos perdidos,
buqués de rencores,
que se nos helaron
el alma y los huesos.
Y estallaron las venas;
y rebozaron los ríos;
de tanto vino derramado,
y de tanto pan comido,
y de tantas tardes de bostezos.
Que se desbordaron los mares;
se estremecieron los árboles;
se encabritaron los montes,
de tantos ¨te amo¨ escondidos,
en tantos lechos de infierno.
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