Como la encarnación de un relámpago eres,
oh recuerdo mío, como la breve luz que hiere
en la afanada noche mi sueño y mi albedrío.
Fuiste caricia en mis manos, suculencia
del placer que el hombre disfruta, soñolencia
de paraíso o bruma, hoy espejo de mis vacíos.
A veces me tuviste, a veces yo te tuve
¿donde está la diferencia si éramos sólo nube?
Transverberados por la luz como un diamante.
Fuimos mutuos habitáculos o lluvia que disuelve
los terrones labrantíos, como palabra que vuelve
tras su origen buscando el resplandor.
Una eternidad voraz y enemiga nos hizo suyos
envidiosa, necesitada tal vez de estos arrullos,
eternidad incompleta, fuego fatuo sobre el mar.
Me disolví en tu luz, pobre suicida, como falena
que se inmola en el fuego del que nace, presencia ajena
como música callada, como huerto sin misterio.
Como canto irreverente, como fuego sin llama
fuimos cercenados por aceros ajenos a este drama,
tú y yo y el silencio que creamos, elástico y generoso.
Volvimos al incierto camino que no acaba
gotas de la eternidad que maternal nos reclama
Dejamos ya la luz y sus diamantes, recuperamos el barro.
Pero ¿en qué mejor lugar que en nuestra choza
podremos escuchar el atroz viento que solloza,
ver los fulgores de este mundo que se incendia?
Ilust.: Paisaje de Iowa. Foto de Jack Spencer
oh recuerdo mío, como la breve luz que hiere
en la afanada noche mi sueño y mi albedrío.
Fuiste caricia en mis manos, suculencia
del placer que el hombre disfruta, soñolencia
de paraíso o bruma, hoy espejo de mis vacíos.
A veces me tuviste, a veces yo te tuve
¿donde está la diferencia si éramos sólo nube?
Transverberados por la luz como un diamante.
Fuimos mutuos habitáculos o lluvia que disuelve
los terrones labrantíos, como palabra que vuelve
tras su origen buscando el resplandor.
Una eternidad voraz y enemiga nos hizo suyos
envidiosa, necesitada tal vez de estos arrullos,
eternidad incompleta, fuego fatuo sobre el mar.
Me disolví en tu luz, pobre suicida, como falena
que se inmola en el fuego del que nace, presencia ajena
como música callada, como huerto sin misterio.
Como canto irreverente, como fuego sin llama
fuimos cercenados por aceros ajenos a este drama,
tú y yo y el silencio que creamos, elástico y generoso.
Volvimos al incierto camino que no acaba
gotas de la eternidad que maternal nos reclama
Dejamos ya la luz y sus diamantes, recuperamos el barro.
Pero ¿en qué mejor lugar que en nuestra choza
podremos escuchar el atroz viento que solloza,
ver los fulgores de este mundo que se incendia?
Ilust.: Paisaje de Iowa. Foto de Jack Spencer