Tarima flotante

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
Tarima flotante (22-12-2018)

En la hoja lasciva de la lágrima,

sumió el polvo su humo y su ceniza,

-el ego, terrenal y subversivo-

mientras el alboroto en el albergue

respiraba, y a corazón abierto

se sucedían brindis refinados,

amor sin paliativos

a la filosofía del cortejo,

mácula y lastre ingrávidos,

donde los hitos, mitos, ritos, gritos

pierden testigos, pingas en el ombligo, amigos y enemigos,

cuando resuena el alba con su metáfora hueca y ojerosa

-quién es el comedido en este eterno ciclo de estaciones-.

-Quién es parco en miradas y moldea la arcilla de sus víctimas-.

-Quién penetra la piel gelatinosa de las cuencas y orbita los cadáveres-,

con su cristal tajante a medialuna,

el reflejo inconsciente del fuego solitario

-la voz consigo mismo del delirio-,

ese sol harapiento que esconde los hosannas

-el momento sin nombre donde tú me olvidaste-

y la historia versátil de los atolladeros

-qué sencillo resulta, una vez enterrado en los pasillos,

hacer muecas de fe que fecundan mi mente-

en ese firmamento prolongado,

-donde sólo lo oscuro es transparente-

con el último brillo del destino

-cuando sólo el destiempo es deseado-,

y las máscaras prueban el eterno elixir

-volver sobre sus pasos-,

mientras el invisible foco

-mis ojos decapitan sus pestañas

hasta dudar del sufrimiento-

es mi espectro salvándome la vida.



 
Tarima flotante (22-12-2018)

En la hoja lasciva de la lágrima,

sumió el polvo su humo y su ceniza,

-el ego, terrenal y subversivo-

mientras el alboroto en el albergue

respiraba, y a corazón abierto

se sucedían brindis refinados,

amor sin paliativos

a la filosofía del cortejo,

mácula y lastre ingrávidos,

donde los hitos, mitos, ritos, gritos

pierden testigos, pingas en el ombligo, amigos y enemigos,

cuando resuena el alba con su metáfora hueca y ojerosa

-quién es el comedido en este eterno ciclo de estaciones-.

-Quién es parco en miradas y moldea la arcilla de sus víctimas-.

-Quién penetra la piel gelatinosa de las cuencas y orbita los cadáveres-,

con su cristal tajante a medialuna,

el reflejo inconsciente del fuego solitario

-la voz consigo mismo del delirio-,

ese sol harapiento que esconde los hosannas

-el momento sin nombre donde tú me olvidaste-

y la historia versátil de los atolladeros

-qué sencillo resulta, una vez enterrado en los pasillos,

hacer muecas de fe que fecundan mi mente-

en ese firmamento prolongado,

-donde sólo lo oscuro es transparente-

con el último brillo del destino

-cuando sólo el destiempo es deseado-,

y las máscaras prueban el eterno elixir

-volver sobre sus pasos-,

mientras el invisible foco

-mis ojos decapitan sus pestañas

hasta dudar del sufrimiento-

es mi espectro salvándome la vida.




Excelente, amigo Ricardo, un poema profundo y substancioso, he disfrutado la lectura, felicidades por tu obra. Abrazos, feliz navidad!!
 
Tarima flotante (22-12-2018)

En la hoja lasciva de la lágrima,

sumió el polvo su humo y su ceniza,

-el ego, terrenal y subversivo-

mientras el alboroto en el albergue

respiraba, y a corazón abierto

se sucedían brindis refinados,

amor sin paliativos

a la filosofía del cortejo,

mácula y lastre ingrávidos,

donde los hitos, mitos, ritos, gritos

pierden testigos, pingas en el ombligo, amigos y enemigos,

cuando resuena el alba con su metáfora hueca y ojerosa

-quién es el comedido en este eterno ciclo de estaciones-.

-Quién es parco en miradas y moldea la arcilla de sus víctimas-.

-Quién penetra la piel gelatinosa de las cuencas y orbita los cadáveres-,

con su cristal tajante a medialuna,

el reflejo inconsciente del fuego solitario

-la voz consigo mismo del delirio-,

ese sol harapiento que esconde los hosannas

-el momento sin nombre donde tú me olvidaste-

y la historia versátil de los atolladeros

-qué sencillo resulta, una vez enterrado en los pasillos,

hacer muecas de fe que fecundan mi mente-

en ese firmamento prolongado,

-donde sólo lo oscuro es transparente-

con el último brillo del destino

-cuando sólo el destiempo es deseado-,

y las máscaras prueban el eterno elixir

-volver sobre sus pasos-,

mientras el invisible foco

-mis ojos decapitan sus pestañas

hasta dudar del sufrimiento-

es mi espectro salvándome la vida.


Desear raspar esas esencias que algidas pueden ir desde sufrimiento
hacia los besos perdidos. excelente la pureza de ese reposo dominado.
mis saludos siempre. luzyabsenta
 

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