Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi Plegaria
Tu nombre llegó a mis noches
como profana plegaria;
repitiéndose en mi cuerpo,
provocando con su magia
que emergiera en mis sentidos,
cual un duende que me asalta,
desde una estrella de fuego,
la flor lasciva del alma.
Tu nombre llena mis labios
que ahora sus besos guardan
para, llegado el instante,
en tu carne afrodisiaca
derramarlos, uno a uno,
en ritual de rojo tantra
como preámbulo esotérico
al murmullo de las sábanas.
Quizás porque mi saudade
en exceso se alargaba,
mi mano estrechó el azar
y, a mí, dirigió tus alas;
tu nombre puso en mi boca,
como una sensual plegaria;
aunque yo no te busqué
alguien quiso que te hallara;
Tal vez porque a este mundo
historias de amor le faltan,
del puerto de la rutina
soltaron hoy las amarras;
el azar lleva el timón,
la fortuna la esperanza:
desde lejos nos sonríen
efluvios color de grana.
Tu nombre llegó a mis noches
como profana plegaria;
repitiéndose en mi cuerpo,
provocando con su magia
que emergiera en mis sentidos,
cual un duende que me asalta,
desde una estrella de fuego,
la flor lasciva del alma.
Tu nombre llena mis labios
que ahora sus besos guardan
para, llegado el instante,
en tu carne afrodisiaca
derramarlos, uno a uno,
en ritual de rojo tantra
como preámbulo esotérico
al murmullo de las sábanas.
Quizás porque mi saudade
en exceso se alargaba,
mi mano estrechó el azar
y, a mí, dirigió tus alas;
tu nombre puso en mi boca,
como una sensual plegaria;
aunque yo no te busqué
alguien quiso que te hallara;
Tal vez porque a este mundo
historias de amor le faltan,
del puerto de la rutina
soltaron hoy las amarras;
el azar lleva el timón,
la fortuna la esperanza:
desde lejos nos sonríen
efluvios color de grana.
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