Manolo Martínez
Poeta fiel al portal
¿Existe un dios de los poetas
que transforma sus almas
y los convierte en seres
sensibles como nadie?
O es acaso,
que están predestinados a cumplir
su dulce y amarga condena,
de vivir con más intensidad
que otros mortales
el designio de la vida y de la muerte.
¡Felices de ellos!,
que comprenden
lo incomprensible del mundo,
y exponen lo oculto a simples ojos
en forma tierna y maravillosa.
Hacen de sus vidas un mensaje,
aunque a veces contengan
dolorosos y largos silencios.
Priorizan sentimientos y emociones,
y los intensifican.
Transforman el arte
y lo enaltecen en palabras.
No les va el halago ni los pergaminos,
les basta su sentir para transmitir.
A excelso trono elevan el Amor,
y en humilde sacrificio,
en el altar de decepciones
se hacen víctimas de él.
Siembran esperanzas,
cosechan tristezas.
Regalan belleza,
reciben olvidos.
Alegrías y penas
alimentan sus días,
gozo y sufrimiento
templan sus destinos.
¿Qué sería de lo pequeño y lo simple
si el Universo no los convocara?
Salen de sus “yo”
iluminados y extasiados,
para volver a él mansamente complacidos.
¿Puede comprenderse a los poetas?
Sería imposible.
Sólo Dios escudriña
sus corazones y sus almas;
ellos cumplen la misión
por Él encomendada.
Transitan la vida
trascendiendo la muerte
esperando el final
para escribir el último
y mejor de sus poemas.