claudiorbatisti
claudiorbatisti
Donde estabas ayer cuando la palabra
última sobre nuestros labios, suspiraba,
y la noche perdida en tus ojos te miraba,
no recuerdo la encrucijada, ni cuando la he evocado.
El labio temblaba, jadeante por la respiración,
acompañaba el sol a su triste sepulcro
y ella suntuosa se amamanta de espera
en el enésimo luto; con claro de luna!
Engañador resplandor mutuo
-nunca me sonríe y jamás llora.
Artemisa la gran Diosa me acompaña
con perros ululantes que dilatan el infinito
de pasos arcanos y serpientes, y con un cuchillo,
lleva la mente fatigada entre oscuros umbrales.
En los ventanales se entretienen aún,
fatales dardos de oro, rondan sin descanso
mariposas de cera del último parpadeo de la tarde...
Es tarde para voltear la cara y lamentarse
en las oscuras celdas de la duda, se desudan
los huesos de la cenizas terrenales profundas
que en terciopelo forran simas de negro bermejo.
No brillan más los ojos del Dios Apolo
satisfecho se sumerge entre dos cielos
colmando sus tazas con gotas recogidas
de aquello que pudo ser y no fue.
Apremia la hora de encender el fuego y osar ver
el confín detrás de lazos movidos por las sombras
Claudio Batisti
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