Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Ser poema cuando escribes,
ahí es nada,
y comunicar los sueños, los miedos,
las ilusiones, las decepciones,
los infartos y la fiebre,
ahí es nada.
Tener en cuenta el entorno
sin olvidar las circunstancias,
o ser temporal, circunstancial
de tal o de cual modo,
ahí es nada.
Poner el alma en cada acento,
acentuar los puntos y las comas,
hacer de cada verso una sinalefa
y de cada hiato
un “luego nos vemos”,
ahí es nada.
Sentir a flor de piel
las pieles que nos tocan,
la vista, el oído,
lo que se esconde o esconden
detrás de cada puerta;
y pensar, asomado a una ventana,
en la vida que pasa de largo,
en las pequeñas muertes
que nos salen al paso,
en el paso mismo y en la estancia;
esa misma estancia que a escribir empuja,
y nos retiene
y nos ampara,
ahí es nada.
Estar,
que no ser,
o ser, mientras se escribe,
lo que nos dé la gana.
ahí es nada,
y comunicar los sueños, los miedos,
las ilusiones, las decepciones,
los infartos y la fiebre,
ahí es nada.
Tener en cuenta el entorno
sin olvidar las circunstancias,
o ser temporal, circunstancial
de tal o de cual modo,
ahí es nada.
Poner el alma en cada acento,
acentuar los puntos y las comas,
hacer de cada verso una sinalefa
y de cada hiato
un “luego nos vemos”,
ahí es nada.
Sentir a flor de piel
las pieles que nos tocan,
la vista, el oído,
lo que se esconde o esconden
detrás de cada puerta;
y pensar, asomado a una ventana,
en la vida que pasa de largo,
en las pequeñas muertes
que nos salen al paso,
en el paso mismo y en la estancia;
esa misma estancia que a escribir empuja,
y nos retiene
y nos ampara,
ahí es nada.
Estar,
que no ser,
o ser, mientras se escribe,
lo que nos dé la gana.