Dago
Poeta que considera el portal su segunda casa
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La noche estaba helada
aunque el calor era tal,
Una enfermedad lo consumía,
nadie sabía cual.
Ya había tenido fiebre,
de treinta y ocho y cuarenta,
ya había vomitado todo y no le pasaba el mal.
Se tomó el muslo izquierdo,
como queriendo curar,
una protuberancia agrandada, como una bola de billar.
Quiso entonces suavemente, también curarse el dolor,
del pecho que le zumbaba por el respirador.
¿Qué me pasa? preguntaba, con avidez singular,
a familiares y amigos, que no le decían del mal.
Solo, en una noche fría,
aunque el calor era tal,
comprendió que se moría,
y todo se hizo real.
No había puesto a cuenta nada,
No había dejado para quien era todo,
Solo se fue maldiciendo el modo,
De acabar su vida al final.
Autoría Dagoaunque el calor era tal,
Una enfermedad lo consumía,
nadie sabía cual.
Ya había tenido fiebre,
de treinta y ocho y cuarenta,
ya había vomitado todo y no le pasaba el mal.
Se tomó el muslo izquierdo,
como queriendo curar,
una protuberancia agrandada, como una bola de billar.
Quiso entonces suavemente, también curarse el dolor,
del pecho que le zumbaba por el respirador.
¿Qué me pasa? preguntaba, con avidez singular,
a familiares y amigos, que no le decían del mal.
Solo, en una noche fría,
aunque el calor era tal,
comprendió que se moría,
y todo se hizo real.
No había puesto a cuenta nada,
No había dejado para quien era todo,
Solo se fue maldiciendo el modo,
De acabar su vida al final.