La bestia

El Sultán de la Poesía

Poeta fiel al portal
La noche silbaba entre los arbustos. El pueblo de Sacramento dormía entre los arrullos de los grillos y el canto de las ranas que anunciaba una posible llovizna. Las pocas calles saturadas de soledad se unían en el silencio y una solidificada oscuridad deambulaba por las aceras. El campanario de la iglesia reposaba en una serenidad celestial cuando una ráfaga de viento húmedo la rozó con tanto ímpetu que comenzó a sonar con frenesí. El padre Juan Zabarsa despertó apresurado por el sonido ensordecedor, tomó su bata y corrió a la torre del ala izquierda de la iglesia para detener el estruendo. Las escaleras que conducían al campanario lucían lúgubres, el padre sintió un escalofrío en su espalda, encorvada por los años. De las tinieblas apareció la figura de un hombre, sus ojos eran dos llamas de luces enrojecidas, el padre trató de identificar la figura extraña que interfería en su camino.
-¿Quién está ahí? - Preguntó nervioso.
Por un momento todo pareció detenerse. No hubo respuesta -En el nombre de Dios - ¿Quién es? - El padre sudaba a cántaros, sus manos frágiles y arrugadas tiritaban. El pueblo de Sacramento se fue envolviendo en una espesa neblina mientras el padre en medio de sus más profundos temores oscilaba, su cuerpo poco a poco fue asaltado por leves temblores. De repente surgió con mayor presencia la figura del hombre con sus ojos enrojecidos y un cuervo posado en su hombro, abrió la boca lentamente y de ella salió su lengua que llegó a pocos centímetros del rostro del padre Zabarsa que estrujaba sus ojos en busca de mayor visibilidad. El cuervo voló para posarse en el pasamanos de las escaleras que daban al campanario y justo a sus pies se encontraba el padre luchando por mantenerse erguido.
- Dime que necesitas es tarde y debo descansar.
Las campanas interrumpieron el sonar y la neblina se fue despejando.
-Tu alma – Grito la figura del hombre con voz corta y aguda.
- ¿De qué hablas? - Balbuceó el padre con la boca seca y la frente húmeda. - El campanario me sacó de mi sueño y tú pretendes mi alma. ¿Qué tonterías son estas? – Dijo el padre enjugando el sudor de su frente.
-¿Dónde está tu dios? Confrontó la voz con tono áspero.
-No sé de qué trata todo esto pero ya deja de jugar. ¿Qué buscas?
El hombre comenzó a reír de manera estridente, sus carcajadas retumbaban en cada rincón del pueblo.
-Que imbécil eres viejo. Regreso luego de los cuarenta días vividos con Jesús en el desierto ¿lo recuerdas? – increpó el hombre mientras se transformaba en mitad humano y mitad bestia. Sus garras arañaban el piso, sus orejas peludas y negras se extendían lentamente. Su apariencia se dejaba ver a través de la poca luz que penetraba las rendijas cerca de las escaleras. El padre Zabarsa trataba de no extenuarse. La luna escondida entre las sombras de la noche dejaba destilar una tenue luz.
-Mi Dios es tu Dios y en su nombre te pido que te marches – Respondió el padre intentando hacer sobre el aire la señal de la cruz.
- No tengo dios en este mundo donde me he guardado por los siglos de los siglos. Me apodero de todo cuanto quiero, vivo, muero, nazco, renazco en las almas que hago mías y tu dios no ha podido vencerme.
-¡Calla! Cómo te atreves hablar de esa manera. ¡Lárgate!
Descontrolado por la furia el hombre se abalanzó sobre el padre. El cura en vano luchaba por zafarse de las garras que ya habían herido sus mejillas, sentía como la sangre recorría su barbilla, la mezcla de dolor y miedo se reflejaban en sus ojos que aún no podían ver con claridad quién intentaba arrebatarle la vida.
-¡Tu alma será mía!
Gritó la bestia mostrando sus largos colmillos que buscaban morder el cuello del sacerdote. La noche parecía molesta en unos clamores que venían de algún lugar. Una lluvia comenzó a caer con suavidad, el padre Zabarsa yacía en el suelo tratando de mantenerse con vida, arrancó de su pecho una cruz y la clavó en el ojo izquierdo de la bestia, sus alaridos hicieron estremecer la tierra empapada de agua, retrocedió trastabillando, el cuervo sobrevolaba en las cercanías del padre. La bestia logró sacar la cruz de su ojo y arrojarse de nuevo sobre el padre que con mucha dificultad alcanzó ponerse de rodillas pero fue derrumbado con tanta fuerza que su frente golpeó el piso.
-¡Señor! Acude en mi ayuda - Suplicó el padre con lágrimas en los ojos.
-Tu señor no vendrá. - Rio la bestia.
La lluvia comenzó a arreciar, el viento soplaba con agilidad y el cielo se iluminaba con los relámpagos que caían en la tierra quieta.
-¡Mi Dios no me abandonara! - Exclamó el cura llevando su mano a la boca para ahogar sus gemidos.
La bestia tomó al padre por sus piernas y sin dar tregua las golpeó contra el piso, el padre gritaba pidiendo auxilio al Dios que se negaba a escucharlo. De un abrupto giro colocó al padre bocarriba y mordió su yugular, el padre agonizaba en espantosos retorcijones, la bestia reía triunfante cuando el padre consiguió con frenesí incorporarse y gritar:
-Te maldigo bajo este cielo que cubre los seres bautizados en el nombre de Dios. Un rayo de inmediato se incrustó en el centro del pueblo de Sacramento de resonante silencio. El padre sangrando cayó al pie de las escaleras.

Minutos después unas manos sacudían los hombros del padre Zabarsa.
-¡Padre! ¡Padre! Despierte es hora de la misa.
El padre despertó en su cama turbado, sus ojos lucían brillantes y cansados. Arrugó su ceño en señal de confusión. Las campanas comenzaron a sonar invitando al devoto pueblo de Sacramento a la misa de la primera hora de la mañana, el día resplandecía, los pájaros cantaban con una música impresionante.
-¿Todo está bien? - Preguntó el padre con curiosidad al joven monaguillo.
-Si padre, recuerde que hoy es domingo y día de las Carmelitas. - Respondió el joven sonriendo.

Al concluir la misa, un hombre con un parche en su ojo izquierdo se acercó al padre.
-¡Buen día padre! Quisiera confesarme.

El padre guardó sus manos en el bolsillo de la sonata, respiró hondo y dijo:
-Su voz la he escuchado en algún lugar. Estoy seguro. ¡Vamos!

ELSP
 
La noche silbaba entre los arbustos. El pueblo de Sacramento dormía entre los arrullos de los grillos y el canto de las ranas que anunciaba una posible llovizna. Las pocas calles saturadas de soledad se unían en el silencio y una solidificada oscuridad deambulaba por las aceras. El campanario de la iglesia reposaba en una serenidad celestial cuando una ráfaga de viento húmedo la rozó con tanto ímpetu que comenzó a sonar con frenesí. El padre Juan Zabarsa despertó apresurado por el sonido ensordecedor, tomó su bata y corrió a la torre del ala izquierda de la iglesia para detener el estruendo. Las escaleras que conducían al campanario lucían lúgubres, el padre sintió un escalofrío en su espalda, encorvada por los años. De las tinieblas apareció la figura de un hombre, sus ojos eran dos llamas de luces enrojecidas, el padre trató de identificar la figura extraña que interfería en su camino.
-¿Quién está ahí? - Preguntó nervioso.
Por un momento todo pareció detenerse. No hubo respuesta -En el nombre de Dios - ¿Quién es? - El padre sudaba a cántaros, sus manos frágiles y arrugadas tiritaban. El pueblo de Sacramento se fue envolviendo en una espesa neblina mientras el padre en medio de sus más profundos temores oscilaba, su cuerpo poco a poco fue asaltado por leves temblores. De repente surgió con mayor presencia la figura del hombre con sus ojos enrojecidos y un cuervo posado en su hombro, abrió la boca lentamente y de ella salió su lengua que llegó a pocos centímetros del rostro del padre Zabarsa que estrujaba sus ojos en busca de mayor visibilidad. El cuervo voló para posarse en el pasamanos de las escaleras que daban al campanario y justo a sus pies se encontraba el padre luchando por mantenerse erguido.
- Dime que necesitas es tarde y debo descansar.
Las campanas interrumpieron el sonar y la neblina se fue despejando.
-Tu alma – Grito la figura del hombre con voz corta y aguda.
- ¿De qué hablas? - Balbuceó el padre con la boca seca y la frente húmeda. - El campanario me sacó de mi sueño y tú pretendes mi alma. ¿Qué tonterías son estas? – Dijo el padre enjugando el sudor de su frente.
-¿Dónde está tu dios? Confrontó la voz con tono áspero.
-No sé de qué trata todo esto pero ya deja de jugar. ¿Qué buscas?
El hombre comenzó a reír de manera estridente, sus carcajadas retumbaban en cada rincón del pueblo.
-Que imbécil eres viejo. Regreso luego de los cuarenta días vividos con Jesús en el desierto ¿lo recuerdas? – increpó el hombre mientras se transformaba en mitad humano y mitad bestia. Sus garras arañaban el piso, sus orejas peludas y negras se extendían lentamente. Su apariencia se dejaba ver a través de la poca luz que penetraba las rendijas cerca de las escaleras. El padre Zabarsa trataba de no extenuarse. La luna escondida entre las sombras de la noche dejaba destilar una tenue luz.
-Mi Dios es tu Dios y en su nombre te pido que te marches – Respondió el padre intentando hacer sobre el aire la señal de la cruz.
- No tengo dios en este mundo donde me he guardado por los siglos de los siglos. Me apodero de todo cuanto quiero, vivo, muero, nazco, renazco en las almas que hago mías y tu dios no ha podido vencerme.
-¡Calla! Cómo te atreves hablar de esa manera. ¡Lárgate!
Descontrolado por la furia el hombre se abalanzó sobre el padre. El cura en vano luchaba por zafarse de las garras que ya habían herido sus mejillas, sentía como la sangre recorría su barbilla, la mezcla de dolor y miedo se reflejaban en sus ojos que aún no podían ver con claridad quién intentaba arrebatarle la vida.
-¡Tu alma será mía!
Gritó la bestia mostrando sus largos colmillos que buscaban morder el cuello del sacerdote. La noche parecía molesta en unos clamores que venían de algún lugar. Una lluvia comenzó a caer con suavidad, el padre Zabarsa yacía en el suelo tratando de mantenerse con vida, arrancó de su pecho una cruz y la clavó en el ojo izquierdo de la bestia, sus alaridos hicieron estremecer la tierra empapada de agua, retrocedió trastabillando, el cuervo sobrevolaba en las cercanías del padre. La bestia logró sacar la cruz de su ojo y arrojarse de nuevo sobre el padre que con mucha dificultad alcanzó ponerse de rodillas pero fue derrumbado con tanta fuerza que su frente golpeó el piso.
-¡Señor! Acude en mi ayuda - Suplicó el padre con lágrimas en los ojos.
-Tu señor no vendrá. - Rio la bestia.
La lluvia comenzó a arreciar, el viento soplaba con agilidad y el cielo se iluminaba con los relámpagos que caían en la tierra quieta.
-¡Mi Dios no me abandonara! - Exclamó el cura llevando su mano a la boca para ahogar sus gemidos.
La bestia tomó al padre por sus piernas y sin dar tregua las golpeó contra el piso, el padre gritaba pidiendo auxilio al Dios que se negaba a escucharlo. De un abrupto giro colocó al padre bocarriba y mordió su yugular, el padre agonizaba en espantosos retorcijones, la bestia reía triunfante cuando el padre consiguió con frenesí incorporarse y gritar:
-Te maldigo bajo este cielo que cubre los seres bautizados en el nombre de Dios. Un rayo de inmediato se incrustó en el centro del pueblo de Sacramento de resonante silencio. El padre sangrando cayó al pie de las escaleras.

Minutos después unas manos sacudían los hombros del padre Zabarsa.
-¡Padre! ¡Padre! Despierte es hora de la misa.
El padre despertó en su cama turbado, sus ojos lucían brillantes y cansados. Arrugó su ceño en señal de confusión. Las campanas comenzaron a sonar invitando al devoto pueblo de Sacramento a la misa de la primera hora de la mañana, el día resplandecía, los pájaros cantaban con una música impresionante.
-¿Todo está bien? - Preguntó el padre con curiosidad al joven monaguillo.
-Si padre, recuerde que hoy es domingo y día de las Carmelitas. - Respondió el joven sonriendo.

Al concluir la misa, un hombre con un parche en su ojo izquierdo se acercó al padre.
-¡Buen día padre! Quisiera confesarme.

El padre guardó sus manos en el bolsillo de la sonata, respiró hondo y dijo:
-Su voz la he escuchado en algún lugar. Estoy seguro. ¡Vamos!

ELSP
Buena historia con mucho suspense hasta el sorprendente final. Me pareció estar dentro de esas películas del exorcista o algo parecido...Gusto leerle, un abrazo
 
La idea es siempre sorprender al lector con final impredecible o final abierto ...vos juntaste los dos ...me gusto bastante ...queda abierto para una segunda parte
seguiremos leyendo.
Saludos su majestad :)
 
La noche silbaba entre los arbustos. El pueblo de Sacramento dormía entre los arrullos de los grillos y el canto de las ranas que anunciaba una posible llovizna. Las pocas calles saturadas de soledad se unían en el silencio y una solidificada oscuridad deambulaba por las aceras. El campanario de la iglesia reposaba en una serenidad celestial cuando una ráfaga de viento húmedo la rozó con tanto ímpetu que comenzó a sonar con frenesí. El padre Juan Zabarsa despertó apresurado por el sonido ensordecedor, tomó su bata y corrió a la torre del ala izquierda de la iglesia para detener el estruendo. Las escaleras que conducían al campanario lucían lúgubres, el padre sintió un escalofrío en su espalda, encorvada por los años. De las tinieblas apareció la figura de un hombre, sus ojos eran dos llamas de luces enrojecidas, el padre trató de identificar la figura extraña que interfería en su camino.
-¿Quién está ahí? - Preguntó nervioso.
Por un momento todo pareció detenerse. No hubo respuesta -En el nombre de Dios - ¿Quién es? - El padre sudaba a cántaros, sus manos frágiles y arrugadas tiritaban. El pueblo de Sacramento se fue envolviendo en una espesa neblina mientras el padre en medio de sus más profundos temores oscilaba, su cuerpo poco a poco fue asaltado por leves temblores. De repente surgió con mayor presencia la figura del hombre con sus ojos enrojecidos y un cuervo posado en su hombro, abrió la boca lentamente y de ella salió su lengua que llegó a pocos centímetros del rostro del padre Zabarsa que estrujaba sus ojos en busca de mayor visibilidad. El cuervo voló para posarse en el pasamanos de las escaleras que daban al campanario y justo a sus pies se encontraba el padre luchando por mantenerse erguido.
- Dime que necesitas es tarde y debo descansar.
Las campanas interrumpieron el sonar y la neblina se fue despejando.
-Tu alma – Grito la figura del hombre con voz corta y aguda.
- ¿De qué hablas? - Balbuceó el padre con la boca seca y la frente húmeda. - El campanario me sacó de mi sueño y tú pretendes mi alma. ¿Qué tonterías son estas? – Dijo el padre enjugando el sudor de su frente.
-¿Dónde está tu dios? Confrontó la voz con tono áspero.
-No sé de qué trata todo esto pero ya deja de jugar. ¿Qué buscas?
El hombre comenzó a reír de manera estridente, sus carcajadas retumbaban en cada rincón del pueblo.
-Que imbécil eres viejo. Regreso luego de los cuarenta días vividos con Jesús en el desierto ¿lo recuerdas? – increpó el hombre mientras se transformaba en mitad humano y mitad bestia. Sus garras arañaban el piso, sus orejas peludas y negras se extendían lentamente. Su apariencia se dejaba ver a través de la poca luz que penetraba las rendijas cerca de las escaleras. El padre Zabarsa trataba de no extenuarse. La luna escondida entre las sombras de la noche dejaba destilar una tenue luz.
-Mi Dios es tu Dios y en su nombre te pido que te marches – Respondió el padre intentando hacer sobre el aire la señal de la cruz.
- No tengo dios en este mundo donde me he guardado por los siglos de los siglos. Me apodero de todo cuanto quiero, vivo, muero, nazco, renazco en las almas que hago mías y tu dios no ha podido vencerme.
-¡Calla! Cómo te atreves hablar de esa manera. ¡Lárgate!
Descontrolado por la furia el hombre se abalanzó sobre el padre. El cura en vano luchaba por zafarse de las garras que ya habían herido sus mejillas, sentía como la sangre recorría su barbilla, la mezcla de dolor y miedo se reflejaban en sus ojos que aún no podían ver con claridad quién intentaba arrebatarle la vida.
-¡Tu alma será mía!
Gritó la bestia mostrando sus largos colmillos que buscaban morder el cuello del sacerdote. La noche parecía molesta en unos clamores que venían de algún lugar. Una lluvia comenzó a caer con suavidad, el padre Zabarsa yacía en el suelo tratando de mantenerse con vida, arrancó de su pecho una cruz y la clavó en el ojo izquierdo de la bestia, sus alaridos hicieron estremecer la tierra empapada de agua, retrocedió trastabillando, el cuervo sobrevolaba en las cercanías del padre. La bestia logró sacar la cruz de su ojo y arrojarse de nuevo sobre el padre que con mucha dificultad alcanzó ponerse de rodillas pero fue derrumbado con tanta fuerza que su frente golpeó el piso.
-¡Señor! Acude en mi ayuda - Suplicó el padre con lágrimas en los ojos.
-Tu señor no vendrá. - Rio la bestia.
La lluvia comenzó a arreciar, el viento soplaba con agilidad y el cielo se iluminaba con los relámpagos que caían en la tierra quieta.
-¡Mi Dios no me abandonara! - Exclamó el cura llevando su mano a la boca para ahogar sus gemidos.
La bestia tomó al padre por sus piernas y sin dar tregua las golpeó contra el piso, el padre gritaba pidiendo auxilio al Dios que se negaba a escucharlo. De un abrupto giro colocó al padre bocarriba y mordió su yugular, el padre agonizaba en espantosos retorcijones, la bestia reía triunfante cuando el padre consiguió con frenesí incorporarse y gritar:
-Te maldigo bajo este cielo que cubre los seres bautizados en el nombre de Dios. Un rayo de inmediato se incrustó en el centro del pueblo de Sacramento de resonante silencio. El padre sangrando cayó al pie de las escaleras.

Minutos después unas manos sacudían los hombros del padre Zabarsa.
-¡Padre! ¡Padre! Despierte es hora de la misa.
El padre despertó en su cama turbado, sus ojos lucían brillantes y cansados. Arrugó su ceño en señal de confusión. Las campanas comenzaron a sonar invitando al devoto pueblo de Sacramento a la misa de la primera hora de la mañana, el día resplandecía, los pájaros cantaban con una música impresionante.
-¿Todo está bien? - Preguntó el padre con curiosidad al joven monaguillo.
-Si padre, recuerde que hoy es domingo y día de las Carmelitas. - Respondió el joven sonriendo.

Al concluir la misa, un hombre con un parche en su ojo izquierdo se acercó al padre.
-¡Buen día padre! Quisiera confesarme.

El padre guardó sus manos en el bolsillo de la sonata, respiró hondo y dijo:
-Su voz la he escuchado en algún lugar. Estoy seguro. ¡Vamos!

ELSP
¿Continuará?
 
Buena redacción manteniendo el suspense hasta el final.

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