pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sin nada escondido
en tu alma blanca
te lanzaste a lo desconocido
sin escudo ni espada...
Noches eternas en sosiego
a la espera de un beso
consumían tus rezos
con el corazón de amor ciego...
Sin armadura en una batalla
con esperanza nula de victoria,
tu muerte casi asegurada
en un lecho de gloria amatoria...
Con las manos en el pecho
llenas de un amor sincero
dejaste un hechizo deshecho
y liberaste al prisionero...
Hiciste que el corazón
de tu rosa amada renaciera,
enseñándole a ser fiera
renegó de la negra pasión...
Tú, David, el pequeño y pasivo
dejaste al gigante en el olvido
que con ínfulas de grandeza
casi acaba con tu princesa...
Hoy, tu mano la sujeta
y en tus brazos libre vuela,
con amor sanas secuelas
y en tus besos la alimentas.
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