Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caen despacio las hojas de otoño,
son llevadas por el viento a la irrealidad,
sumisas, obedientes, tan calladas,
duermen al fin en la tierra de mi pasado.
Así flamea la llama de mi amor marchito,
entre el desamor que ha invadido los senderos.
Como plaga de vivases langostinos,
en las aguas pulcras, de mi espíritu perdido.
Caen también las nieves, del norte blanquecino,
ocultando las tristezas de un mundo inferior,
y despiertan los sueños de amantes, cortitos.
Como el soplo de brisas clandestinas.
Es así, como si fuera, y no fuera,
como viviendo en la muerte conjurada,
en el latir brillante de una estrella,
donde un día guarde, mi realidad enamorada.
Y hoy, se muere mi alma
en el cautiverio de tus ojos mentirosos,
y en tus labios no deseados, simples.
Cesa por fin, la utopía de mi existencia.
Leonardo V.
son llevadas por el viento a la irrealidad,
sumisas, obedientes, tan calladas,
duermen al fin en la tierra de mi pasado.
Así flamea la llama de mi amor marchito,
entre el desamor que ha invadido los senderos.
Como plaga de vivases langostinos,
en las aguas pulcras, de mi espíritu perdido.
Caen también las nieves, del norte blanquecino,
ocultando las tristezas de un mundo inferior,
y despiertan los sueños de amantes, cortitos.
Como el soplo de brisas clandestinas.
Es así, como si fuera, y no fuera,
como viviendo en la muerte conjurada,
en el latir brillante de una estrella,
donde un día guarde, mi realidad enamorada.
Y hoy, se muere mi alma
en el cautiverio de tus ojos mentirosos,
y en tus labios no deseados, simples.
Cesa por fin, la utopía de mi existencia.
Leonardo V.
[MUSICA]http://www.brucedeboer.net/lonely_nights_bruce_deboer.mid[/MUSICA]
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