Vestales purificadas colorean mi cuerpo
con las cenizas sagradas del último holocausto.
El sol sangra a través de la ventana cerrada.
Una sábana cubre mi alma desnuda
ya no queda tiempo para la redención.
La barca aguarda.
Suenan los compases sin misericordia de un Lohengrin
que la tempestad apaga
la noche de los tiempos se incendia con las pasiones de los hombres y sus entrañas
pero yo miro desde mis ojos cerrados los misterios ambarinos
las luces de otros tiempos descarnados.
La barca aguarda.
Estoy entre murallas incoloras como el aire de la mañana
las hojas de los robles trazan sus coronas áureas
en mi frente poderosa ya sin esperanza
el torrente desmedido oculta las puertas arrancadas
que dejan al descubierto los espasmos sobre los lechos.
La barca aguarda.
Mis campos de gules y sinople cuartelados según la antigua usanza
dejan brotar nuevas cosechas de doncellas en trance
transverberadas por la luz que purifica como un diamante o noche sin alba
excavo las tumbas que han de acompañarme como negras ilusiones
de otro ayer difuminado en el recuerdo
La barca aguarda.
¿Quien soy desde que no soy nada?
La procesión de fantasmas con sus linternas sin luz
avanza sobre sus pasos callados como suspiros de flores
tiendo mis brazos descarnados hacia ellos
y los veo recubiertos de alfabetos ilegibles.
La barca aguarda.
¿Cual el símbolo? ¿Donde el fuego que me aguarda?
Sigo tejiendo las guirnaldas infinitas que forman mi eternidad sin mácula.
Flores y topacios para adornar las más bellas vestales
que un día, una vez purificadas, trazarán signos sobre mi cuerpo
con cenizas del penúltimo holocausto.
El último será el mío. Subo a la barca.
Ilust.: Fotomontaje a partir de "La isla de los muertos", de Arnold Böcklin, hecho por "Pulo"
con las cenizas sagradas del último holocausto.
El sol sangra a través de la ventana cerrada.
Una sábana cubre mi alma desnuda
ya no queda tiempo para la redención.
La barca aguarda.
Suenan los compases sin misericordia de un Lohengrin
que la tempestad apaga
la noche de los tiempos se incendia con las pasiones de los hombres y sus entrañas
pero yo miro desde mis ojos cerrados los misterios ambarinos
las luces de otros tiempos descarnados.
La barca aguarda.
Estoy entre murallas incoloras como el aire de la mañana
las hojas de los robles trazan sus coronas áureas
en mi frente poderosa ya sin esperanza
el torrente desmedido oculta las puertas arrancadas
que dejan al descubierto los espasmos sobre los lechos.
La barca aguarda.
Mis campos de gules y sinople cuartelados según la antigua usanza
dejan brotar nuevas cosechas de doncellas en trance
transverberadas por la luz que purifica como un diamante o noche sin alba
excavo las tumbas que han de acompañarme como negras ilusiones
de otro ayer difuminado en el recuerdo
La barca aguarda.
¿Quien soy desde que no soy nada?
La procesión de fantasmas con sus linternas sin luz
avanza sobre sus pasos callados como suspiros de flores
tiendo mis brazos descarnados hacia ellos
y los veo recubiertos de alfabetos ilegibles.
La barca aguarda.
¿Cual el símbolo? ¿Donde el fuego que me aguarda?
Sigo tejiendo las guirnaldas infinitas que forman mi eternidad sin mácula.
Flores y topacios para adornar las más bellas vestales
que un día, una vez purificadas, trazarán signos sobre mi cuerpo
con cenizas del penúltimo holocausto.
El último será el mío. Subo a la barca.
Ilust.: Fotomontaje a partir de "La isla de los muertos", de Arnold Böcklin, hecho por "Pulo"
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