BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con repetidas aguas,
acariciando la brisa,
despertando el siglo,
con luz de muchas noches,
en la oscuridad de los días,
administrando la dicha,
que a todos compete,
dictamino celosías, pechos,
redondeces instintivas.
Con sensibilidades muertas,
de tactos muertos, de exigentes
taxidermias que abrigan
un cuerpo en la penumbra, y con
la mirada de esas rocas que ocultan
un puño o un dedal de arsénico;
con latinajos y obcecados demonios.
Con demiurgos obsoletos
y nevadas copiosas y canciones,
con óxidos labiales que apenas despuntan;
a través de esos duros paisajes
del sexo con su armonía.
Con rocas y dedos y palmas que tocan
la bronca furiosa de yemas óseas y palomas.
Y en esa sinrazón de los días alcanzando
tu vómito sensible; con la apenada trashumancia
de ídolos paganos que seducen muchachas
en la escuela, o con hilos de teléfono que
escuchan murmullos incoherentes.
Y este poema;
tan denso como un mar de sangre en mitad de la nada,
o apuntando dedos con manchas de centurias apocadas,
y barros y lodos y sortilegios decapitados.
Con reiteradas aguas incipientes
entre siglos de cordura abatida
con balaustradas de dolor emancipado
y laúdes que emiten su sonido altanero:
con labios que burlan como huesos
con marmitas de sueños que fueron
con narices insólitas lastimadas apesadumbradas
con mausoleos en lugar de soles
con vendajes en lugar de cerebro,
con furia que el aire rigurosamente gobierna.
Así el tiempo, tan innatural, tan parco
en palabras, tan inmaterial que conmueve
lunas y astros pequeños de óxidos neutros.
Así la fugaz mirada
que ejerce voluntades y dinamita cuerpos.
O esa evasión del sueño que fantasea
con un sexo demorado en capas francesas.
Y esos testimonios de largos cabellos
de inmensos cabellos largos
de duros y rojizos barros
sobre largos filamentos tronchados.
Inexpugnables latidos,
combatidas fricciones,
sensuales exigencias de armazones opuestos:
con lástima por el pez que mata y por el que hiere.
Así mi cuerpo va buscando
como un edificio en medio,
su lugar y su casa y su hospedaje.
En mitad de la nada-.
©
acariciando la brisa,
despertando el siglo,
con luz de muchas noches,
en la oscuridad de los días,
administrando la dicha,
que a todos compete,
dictamino celosías, pechos,
redondeces instintivas.
Con sensibilidades muertas,
de tactos muertos, de exigentes
taxidermias que abrigan
un cuerpo en la penumbra, y con
la mirada de esas rocas que ocultan
un puño o un dedal de arsénico;
con latinajos y obcecados demonios.
Con demiurgos obsoletos
y nevadas copiosas y canciones,
con óxidos labiales que apenas despuntan;
a través de esos duros paisajes
del sexo con su armonía.
Con rocas y dedos y palmas que tocan
la bronca furiosa de yemas óseas y palomas.
Y en esa sinrazón de los días alcanzando
tu vómito sensible; con la apenada trashumancia
de ídolos paganos que seducen muchachas
en la escuela, o con hilos de teléfono que
escuchan murmullos incoherentes.
Y este poema;
tan denso como un mar de sangre en mitad de la nada,
o apuntando dedos con manchas de centurias apocadas,
y barros y lodos y sortilegios decapitados.
Con reiteradas aguas incipientes
entre siglos de cordura abatida
con balaustradas de dolor emancipado
y laúdes que emiten su sonido altanero:
con labios que burlan como huesos
con marmitas de sueños que fueron
con narices insólitas lastimadas apesadumbradas
con mausoleos en lugar de soles
con vendajes en lugar de cerebro,
con furia que el aire rigurosamente gobierna.
Así el tiempo, tan innatural, tan parco
en palabras, tan inmaterial que conmueve
lunas y astros pequeños de óxidos neutros.
Así la fugaz mirada
que ejerce voluntades y dinamita cuerpos.
O esa evasión del sueño que fantasea
con un sexo demorado en capas francesas.
Y esos testimonios de largos cabellos
de inmensos cabellos largos
de duros y rojizos barros
sobre largos filamentos tronchados.
Inexpugnables latidos,
combatidas fricciones,
sensuales exigencias de armazones opuestos:
con lástima por el pez que mata y por el que hiere.
Así mi cuerpo va buscando
como un edificio en medio,
su lugar y su casa y su hospedaje.
En mitad de la nada-.
©