Drümz
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25 de Octubre
El cielo ha cerrado
sus parpados cansados.
La luna enciende las velas
sobre el manto que nos cubre
enviando gemidos
al fresco hábitat nocturno.
Nosotros caemos,
deseamos sin razón,
anhelando el derretir de aquellas velas.
El comportar de su faz,
temblores pálidos agitan
el polvillo blanco de su cuerpo
y su cabello sudado.
Sus viciosas piernas
a la par de su semblante,
mirada de espejo,
un socorro nocturno
al contraste de mi efervescencia.
Yo puedo manifestarle
una cobija de lobo,
un silencio de lechuza,
una caminata de río,
unos matices de arboleda;
cada vez que ella acepta el trato
ve las estrellas con los ojos vendados:
el tiempo nos fatigaba de besos
que escondíamos bajo los labios.
Ambos nos abusábamos
entre el campanear de los árboles,
aves de pluma verde,
composiciones del sigilo,
ecos de nuestra sombra empapada.
Ella conocía de frutos dulces y secos,
del jugo de la carne acalorada,
me dibujaba labial
con su boca hervida,
yo dibujaba dedos
en sus piernas concretas.
25 de octubre,
lunes inolvidable,
la hice viva y viví por ella,
me convidaba secretos
su oportunidad de ser mujer.
Un día que deja heridas
incrustando sin prejuicio
la chuchilla en los recuerdos,
jamás amada mía,
jamás se olvida.
Drümz.
De mi libro ENAMORADO, DESENCANTA Y OLVIDADO.
(TODO INSCRITO EN EL REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL DE CHILE).
El cielo ha cerrado
sus parpados cansados.
La luna enciende las velas
sobre el manto que nos cubre
enviando gemidos
al fresco hábitat nocturno.
Nosotros caemos,
deseamos sin razón,
anhelando el derretir de aquellas velas.
El comportar de su faz,
temblores pálidos agitan
el polvillo blanco de su cuerpo
y su cabello sudado.
Sus viciosas piernas
a la par de su semblante,
mirada de espejo,
un socorro nocturno
al contraste de mi efervescencia.
Yo puedo manifestarle
una cobija de lobo,
un silencio de lechuza,
una caminata de río,
unos matices de arboleda;
cada vez que ella acepta el trato
ve las estrellas con los ojos vendados:
el tiempo nos fatigaba de besos
que escondíamos bajo los labios.
Ambos nos abusábamos
entre el campanear de los árboles,
aves de pluma verde,
composiciones del sigilo,
ecos de nuestra sombra empapada.
Ella conocía de frutos dulces y secos,
del jugo de la carne acalorada,
me dibujaba labial
con su boca hervida,
yo dibujaba dedos
en sus piernas concretas.
25 de octubre,
lunes inolvidable,
la hice viva y viví por ella,
me convidaba secretos
su oportunidad de ser mujer.
Un día que deja heridas
incrustando sin prejuicio
la chuchilla en los recuerdos,
jamás amada mía,
jamás se olvida.
Drümz.
De mi libro ENAMORADO, DESENCANTA Y OLVIDADO.
(TODO INSCRITO EN EL REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL DE CHILE).
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