Quizá , tras acurrucarse en esos nidos de dragones,
tras el opio del recuento, sus manos son la costa, entre la multitud…
muchachas de diarios pop, por abrir todas las ventanas de los membrillos…
las ciudades portuarias, y sus barcos negros, barcos tan llenos,
entre los geranios y las atropelladas literaturas…
así, con las guitarras dominicales,
ese amor de escaleras y los gusanos de naipes…
que han de llevarme, hacia ti, mujer,
los síndromes del cristal, y los brillantes caballos…
esos mensajes escritos en papel de fumar,
y esa locomotora, en la habitación 200…
con tizones golosos, y columpios de dromedarios…
entre esas huestes trovadoras,
y lo que rezuma el sol, por sus frentes de pan…
tras el opio del recuento, sus manos son la costa, entre la multitud…
muchachas de diarios pop, por abrir todas las ventanas de los membrillos…
las ciudades portuarias, y sus barcos negros, barcos tan llenos,
entre los geranios y las atropelladas literaturas…
así, con las guitarras dominicales,
ese amor de escaleras y los gusanos de naipes…
que han de llevarme, hacia ti, mujer,
los síndromes del cristal, y los brillantes caballos…
esos mensajes escritos en papel de fumar,
y esa locomotora, en la habitación 200…
con tizones golosos, y columpios de dromedarios…
entre esas huestes trovadoras,
y lo que rezuma el sol, por sus frentes de pan…