scarlata
Poeta veterano en el portal.
Hay días en los que el sonido de las trompetas
ensordece a la mujer que soy.
La que alza la música para no oír.
O para oír sólo el lamento de los lagos.
Para callar detrás de las ventanas abiertas
con esa risa que templa la lluvia.
Y no oigo nada.
No me pertenecen los días
que marcan las pagínas de los libros
para nunca aprender.
O para aprender que la tarde muerde.
Que todos arañamos nuestro mundo
cuando sentimos frío.
Nunca soy la mujer que soy.
Puede más la desnudez de los ojos
o esas palabras, sin decir,
en las que el hambre se define,
como una parada en las vías muertas.
Como la voz que se esconde detrás de la música
para llorar.
ensordece a la mujer que soy.
La que alza la música para no oír.
O para oír sólo el lamento de los lagos.
Para callar detrás de las ventanas abiertas
con esa risa que templa la lluvia.
Y no oigo nada.
No me pertenecen los días
que marcan las pagínas de los libros
para nunca aprender.
O para aprender que la tarde muerde.
Que todos arañamos nuestro mundo
cuando sentimos frío.
Nunca soy la mujer que soy.
Puede más la desnudez de los ojos
o esas palabras, sin decir,
en las que el hambre se define,
como una parada en las vías muertas.
Como la voz que se esconde detrás de la música
para llorar.