BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El que tiene vida y fronda
yerra, se alimenta, se equivoca,
permite la usura de los insectos
sobre su piel tosca y repetitiva,
sonora y somera en los latidos
ausentes del mediodía. El que tiene
boca y forma y vida, se equivoca,
busca pedernales de tierra honda,
de azules concentraciones de hoscas
miradas alternativas, y pernocta
quizás en la lejanía de una playa remota.
Calcinados sus huesos apenas gritos
aparecen en sus discursos, todo son sueños,
y los sueños invasores, se los dividen
el hombre, el poeta, los oráculos investigadores.
Yo miro al hombre como una flor reseca y amarga,
cuyo pecho ignora la realeza de la planta que la sustenta.
Amargo y todo, opulento, cuya forma deriva
en oleajes insolentes, el aplauso, la ovación,
al igual que la derrota, apenas asombran ya a nadie.
Veo al hombre y me estimula, su demora,
su fracaso y el estrépito de sus horas sin cordura.
©
yerra, se alimenta, se equivoca,
permite la usura de los insectos
sobre su piel tosca y repetitiva,
sonora y somera en los latidos
ausentes del mediodía. El que tiene
boca y forma y vida, se equivoca,
busca pedernales de tierra honda,
de azules concentraciones de hoscas
miradas alternativas, y pernocta
quizás en la lejanía de una playa remota.
Calcinados sus huesos apenas gritos
aparecen en sus discursos, todo son sueños,
y los sueños invasores, se los dividen
el hombre, el poeta, los oráculos investigadores.
Yo miro al hombre como una flor reseca y amarga,
cuyo pecho ignora la realeza de la planta que la sustenta.
Amargo y todo, opulento, cuya forma deriva
en oleajes insolentes, el aplauso, la ovación,
al igual que la derrota, apenas asombran ya a nadie.
Veo al hombre y me estimula, su demora,
su fracaso y el estrépito de sus horas sin cordura.
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