BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estos odios caídos
estas estrategias disueltas
y estos vacilantes trémulos esófagos
apenas inyectan ya lumbre en el asfalto
carcomido de los bueyes. Allí
transitan desprecios, crisálidas aterrorizadas,
nidos perdidos, las aves intrusas del sueño.
Aquellas estrellas me gustan participan
instaurando su secuencia de negros delatores,
investigan el cuerpo con su raudal de luz infame,
planifican llanto a llanto la lágrima desorbitada.
No existe sin embargo órbita línea o astro
que no caiga en descendencia de lúgubres laberintos.
No llegué al instante, sino clausurando terrores,
solitarios dioses, u orfandades ridículas.
Las lenguas solícitas del asno y las depravadas
ausencias del abejaruco, plantean sus disertaciones,
sobre sus pedernales,
con alas de cloro y abedules negligentes.
Yo ya me perdí, escuchaste? El ruido
de las estrellas sepulta los baúles de plomo,
y unos angelotes de espuma irascible, vomitan
sus troncos de náusea insoportable-.
©
estas estrategias disueltas
y estos vacilantes trémulos esófagos
apenas inyectan ya lumbre en el asfalto
carcomido de los bueyes. Allí
transitan desprecios, crisálidas aterrorizadas,
nidos perdidos, las aves intrusas del sueño.
Aquellas estrellas me gustan participan
instaurando su secuencia de negros delatores,
investigan el cuerpo con su raudal de luz infame,
planifican llanto a llanto la lágrima desorbitada.
No existe sin embargo órbita línea o astro
que no caiga en descendencia de lúgubres laberintos.
No llegué al instante, sino clausurando terrores,
solitarios dioses, u orfandades ridículas.
Las lenguas solícitas del asno y las depravadas
ausencias del abejaruco, plantean sus disertaciones,
sobre sus pedernales,
con alas de cloro y abedules negligentes.
Yo ya me perdí, escuchaste? El ruido
de las estrellas sepulta los baúles de plomo,
y unos angelotes de espuma irascible, vomitan
sus troncos de náusea insoportable-.
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