Santiago Oreggia
Poeta fiel al portal
Advertía que la noche era oscura,
las estrellas se habían escondido,
obra del rugir de los truenos que las espantaban.
La lluvia regaba mi cuerpo,
el frío penetraba en mi alma,
mis ojos sólo descubrían un negro intenso,
mi corazón latía perentoriamente...
muriendo al compás de la musa de la noche,
como un ave sin alas, sucumbiendo en tierra.
Sorpresivamente levanté mis ojos al cielo,
los truenos desaparecieron,
la lluvia cesó...
mi cuerpo ya no estaba rociado,
las estrellas retornaron resplandecientes,
alumbrando mi corazón,
renaciéndolo a extremos inimaginables.
Y cuando quise darme cuenta,
el milagro ocurrió.
Salió el sol...
tenía nombre de mujer...
¡TU NOMBRE GRA! ::
::
Reservados todos los derechos Santiago Oreggia©
las estrellas se habían escondido,
obra del rugir de los truenos que las espantaban.
La lluvia regaba mi cuerpo,
el frío penetraba en mi alma,
mis ojos sólo descubrían un negro intenso,
mi corazón latía perentoriamente...
muriendo al compás de la musa de la noche,
como un ave sin alas, sucumbiendo en tierra.
Sorpresivamente levanté mis ojos al cielo,
los truenos desaparecieron,
la lluvia cesó...
mi cuerpo ya no estaba rociado,
las estrellas retornaron resplandecientes,
alumbrando mi corazón,
renaciéndolo a extremos inimaginables.
Y cuando quise darme cuenta,
el milagro ocurrió.
Salió el sol...
tenía nombre de mujer...
¡TU NOMBRE GRA! ::
::Reservados todos los derechos Santiago Oreggia©
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