Tarde nupcial

Ubaldo Ugarte

Es poeta de ses cales
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.
 
Última edición:
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.

La tarde se llena de magia con tus versos amigo Ubaldo.
Un placer detenerse y descubrir el sentir y la profundidad de tu obra
Un fuerte abrazo desde los cielos de este halcón.
 
La tarde se llena de magia con tus versos amigo Ubaldo.
Un placer detenerse y descubrir el sentir y la profundidad de tu obra
Un fuerte abrazo desde los cielos de este halcón.
Gracias amigo Halcon por tu humilde comentario. Un placer que pases por aquí y dejes tu huella. Saludos desde Mallorca.
 
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.


Ubaldo bonita presentacion
de tus letras magicas.

Besitos dulces
Siby
 
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.



Bella tarde de amantes donde latían al unísono dos corazones enamorados.
Hadas del bosque bailaban de contento y las aves callaron su concierto.
La inocencia tembló con el primer beso que su caballero entregó.

¡Hermoso poema de amor que he degustado con placer!

Saludos cordiales estimado poeta.

Matilde
 
Bella tarde de amantes donde latían al unísono dos corazones enamorados.
Hadas del bosque bailaban de contento y las aves callaron su concierto.
La inocencia tembló con el primer beso que su caballero entregó.

¡Hermoso poema de amor que he degustado con placer!

Saludos cordiales estimado poeta.

Matilde
Gracias Matilde por tu generoso comentario, hermosa huella has dejado al pasar. Saludos a la distancia.
 
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.
Una comunión hecha de amor, grato leerle
 
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.

que preciosos decasílabos
nos regalas
en este bucólico poema
donde el romanticismo
luce en excelente escenario
muy a mi gusto
encantada de llegar hasta tu espacio y soñar al ritmo de tus versos, un fuerte abrazo y gracias por el excelente momento de lectura, con todo respeto,

ligiA
 
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Era el rumor suave de la fuente
que el céfiro traía con flores,
cuyas corolas daban sonriente
a la tarde sus ebrios colores.

Los lotos ya daban sus olores
desde el pabellón que la encubría,
los altos chopos con sus frescores
de su espesa fronda vespertina.

Era la tarde de los amantes,
donde el beso sellaba tremente,
de pálida boca delirante
en la sien de la virgen durmiente.

Adormida por el tierno pecho,
después que juntáronse las manos,
reposaron los brazos de ensueño
en vago sopor enamorado.

Era la hora nupcial de la tarde
do la flor de la pasión temblaba,
pues tenían una sola carne
y en una sola carne se amaban.

Más umbroso traía el estío
su aura tibia de los palmares
donde los besos del desvarío
reposaban sobre los semblantes.

Ella, que mirándole muy quedo
dábale su alma con los ojos,
él posó tierno juntos los dedos
sobre la flor de sus labios rojos.

Y la boca suave y primorosa
que por ser su vez primera… tembló,
y como alba al titilar la rosa
él dulcemente, un beso le dio.


Y la dulzura tomó cuerpo de poema dando vida a ese rubor de esa primera vez ... Precioso. Muchas felicidades

Un abrazo,

Palmira
 

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