Cuando el cielo abrió su luz,
tú ya estabas allá abajo,
entre racimos de flores
iluminando mis pasos;
corriendo por los riachuelos
saltando con pies descalzos,
con esa sonrisa dulce
¡que alegra todo el barranco!
y esa loca carcajada
que sacas, si estás bromeando,
que estremece mis sentidos
y al tomarte de mi mano,
me has entregado al delirio
de mirar tus ojos claros.
No me dejas darte un beso
ni acercarme a tu tejado,
pues desde niña un puñal
en el alma te clavaron
y llenaron en silencio
de arena, de un sucio charco
mutilaron tu confianza,
mi bella, flor de los campos.
Y qué hago: mi princesita,
¡soy de tus ojos esclavo!
como la miel del panal,
de tus besos, de tus labios
Tú, la abeja de mi amor,
la abeja que va volando
ven a mi casa chiquita,
de mi montaña, en mi rancho,
llénalo de tu sonrisa
y la bulla de otros cuatro,
que corran entre potreros,
y jueguen salten bien alto
y así lleguemos a viejos,
de tu dolor:¡ yo me encargo!
abrázame el alma niña,
para mí, ¡sos un milagro!
Alex
tú ya estabas allá abajo,
entre racimos de flores
iluminando mis pasos;
corriendo por los riachuelos
saltando con pies descalzos,
con esa sonrisa dulce
¡que alegra todo el barranco!
y esa loca carcajada
que sacas, si estás bromeando,
que estremece mis sentidos
y al tomarte de mi mano,
me has entregado al delirio
de mirar tus ojos claros.
No me dejas darte un beso
ni acercarme a tu tejado,
pues desde niña un puñal
en el alma te clavaron
y llenaron en silencio
de arena, de un sucio charco
mutilaron tu confianza,
mi bella, flor de los campos.
Y qué hago: mi princesita,
¡soy de tus ojos esclavo!
como la miel del panal,
de tus besos, de tus labios
Tú, la abeja de mi amor,
la abeja que va volando
ven a mi casa chiquita,
de mi montaña, en mi rancho,
llénalo de tu sonrisa
y la bulla de otros cuatro,
que corran entre potreros,
y jueguen salten bien alto
y así lleguemos a viejos,
de tu dolor:¡ yo me encargo!
abrázame el alma niña,
para mí, ¡sos un milagro!
Alex