Vitruvius
Poeta recién llegado
Tú que fuiste tormenta y fuiste espada,
doblaste las rodillas del imperio,
y urdiste nuestro largo cautiverio
ignoras que la suerte está forjada.
Los dioses de la estepa te deparan
las arenas impávidas de Zama;
se estrechan los senderos y la trama
desanuda los hilos que separan
lo falso y lo fatal. Es tu memoria,
crisálida inconclusa en el perplejo
ocaso de tu estrella fiel reflejo
opuesto, intercambiable de mi historia.
No aminores el paso si te viera
cabalgando la última frontera.
doblaste las rodillas del imperio,
y urdiste nuestro largo cautiverio
ignoras que la suerte está forjada.
Los dioses de la estepa te deparan
las arenas impávidas de Zama;
se estrechan los senderos y la trama
desanuda los hilos que separan
lo falso y lo fatal. Es tu memoria,
crisálida inconclusa en el perplejo
ocaso de tu estrella fiel reflejo
opuesto, intercambiable de mi historia.
No aminores el paso si te viera
cabalgando la última frontera.
Última edición: