En el rumor mañanero
ciervos atravesaban el prado
pisaban hojas secas
que parecían llorar a su paso
Bellotas encrustadas en la tierra
surgían
luego mi vecino las recolectaria
y sus cerdos se deleitarian
Miraba por la ventana
abierta de par en par
el sol bañaba mi cara
me deslumbraba la luz
y el verde fluorescente del campo
Buscaba al zorro
que bajaba a por el pan
bañado en el guiso de carne y setas
que comimos ayer
Era el ritual de cada día
ver la cola marrón más larga
que el pequeño cuerpo alargado
de Pesebre como le había bautizado
También yo era alargada y flaquita
cómo un espárrago y pequeñita
pero agil como una ardilla
Mis días eran trepar por los árboles
escalar con las cabras
y saltar por las piedras
Hasta que la voz del estómago
clamaba por un plato de lentejas
que mi abuela las hacia como nadie
con ese olor a pimentón y cebolla refrita
con chorizo riojano picante
que sabía que a mi me gustaba
Era una delicia que reponia mis fuerzas
para fundirme
hasta el anochecer
libre como el viento
en la plena naturaleza
y ungirme de barro y paja
como el hornero rojo
construyendo su casa
para restregar luego con esparto
que arañaba
y enrojecido el cuerpo
hundirme caliente
en un sueño almidonado
Mientras los pasos de mi familia
acunan como el mejor cuento contado
Era la música de mi infancia
que segura me introducía
en fantásticas aventuras
donde yo era la reina
valiente y distinguida
Derechos reservados
26/04/2019
Dikia
ciervos atravesaban el prado
pisaban hojas secas
que parecían llorar a su paso
Bellotas encrustadas en la tierra
surgían
luego mi vecino las recolectaria
y sus cerdos se deleitarian
Miraba por la ventana
abierta de par en par
el sol bañaba mi cara
me deslumbraba la luz
y el verde fluorescente del campo
Buscaba al zorro
que bajaba a por el pan
bañado en el guiso de carne y setas
que comimos ayer
Era el ritual de cada día
ver la cola marrón más larga
que el pequeño cuerpo alargado
de Pesebre como le había bautizado
También yo era alargada y flaquita
cómo un espárrago y pequeñita
pero agil como una ardilla
Mis días eran trepar por los árboles
escalar con las cabras
y saltar por las piedras
Hasta que la voz del estómago
clamaba por un plato de lentejas
que mi abuela las hacia como nadie
con ese olor a pimentón y cebolla refrita
con chorizo riojano picante
que sabía que a mi me gustaba
Era una delicia que reponia mis fuerzas
para fundirme
hasta el anochecer
libre como el viento
en la plena naturaleza
y ungirme de barro y paja
como el hornero rojo
construyendo su casa
para restregar luego con esparto
que arañaba
y enrojecido el cuerpo
hundirme caliente
en un sueño almidonado
Mientras los pasos de mi familia
acunan como el mejor cuento contado
Era la música de mi infancia
que segura me introducía
en fantásticas aventuras
donde yo era la reina
valiente y distinguida
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26/04/2019
Dikia
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