Cetrero3
Poeta fiel al portal
Hoy suenan las campanas de la incomprensión y mañana, quizá, suenen los timbres de los cetreros.
Frente a nuestras casas el salvaje animalismo amenaza a quien no quiere abandonar esencias y logros, ni uniones profundas con seres y con la tierra; este cojo, desenraizado, hipócrita y egoísta movimiento no me comprende, ni a mi perro ni a mi halcón... soy para ellos ¡ un animal!, pero al que ni conocen ni defienden; son para ellos, los animales, unos ciudadanos a los que ni conocen ni defienden.
Frente a nuestras casas el salvaje animalismo amenaza a quien no quiere abandonar esencias y logros, ni uniones profundas con seres y con la tierra; este cojo, desenraizado, hipócrita y egoísta movimiento no me comprende, ni a mi perro ni a mi halcón... soy para ellos ¡ un animal!, pero al que ni conocen ni defienden; son para ellos, los animales, unos ciudadanos a los que ni conocen ni defienden.
Mientras suena el timbre:
No te me creas ser perfecto
ni te acicales con placer,
pues al que bien supo nacer
le da el infierno su defecto.
Sin duda puedo asegurarte:
¡del Ante Infierno tú te salvas!,
allí no vas a criar malvas
pues tu pecado no es cortarte.
El primer círculo te ruega
por confiar siémpre tanto en ti,
solo migajas para mi
que no serán nunca fe ciega,
y son tus carnes tan paganas
que ya te quedas en las puertas,
y si a entenderlo nunca aciertas,
es por pasión y hambres mundanas.
Segundo círculo predigo,
contra los vientos tu penuria,
pecar te veo con tal lujuria,
y abusar tanto de mi abrigo,
te faltaran alas para esto,
con tempestad tan infernal
solo podrás sufrir el mal
y prepararte para el resto.
Doy cortesía y golosina
pues sé que son debilidad
y achinas ojos con deidad,
tu alma al tercero ya camina,
bajo las lluvias infinitas
con tu embarrado y gentil traje,
no acabará aquí tu viaje,
te esperan penas inauditas.
El cuarto círculo acechando,
esta avaricia sin final
quizá parezca algo normal,
sueñas estar siempre cazando;
Vas a cargar peso, ¡maldito!,
de tus presiones conquistadas,
mientras, tus carnes insultadas
al gobernar cada pasito.
No salvarás por elegante
pues te caerás por iracundo
y ganarás, del otro mundo,
el quinto círculo de Dante;
No evitarás con tu pureza
ni regalándome espectáculo,
compartirás triste habitáculo
con cazadores de pereza.
¡El sexto ya!, tienes cabida,
pues siempre escondes ese alma
y a los futuros niegas calma,
paga por ser hereje en vida,
Entre mil diablos, mi diablito
y las tres diosas vengadoras,
pasarás míseras tus horas
en sepulcral fuego infinito .
El minotauro da faena,
pues será el séptimo tu estancia,
con sangre ardiendo por fragancia,
serán tus víctimas condena.
En los demás giros y fosas,
círculos, zonas... hay lugar,
no te los quiero ya contar,
de nada sirven estas cosas,
pues me estoy dando triste cuenta
de que el infierno no te menta,
por ser, de Azor, formas sedosas.
Profunda pena me colea,
contaba yo, junto al halcón,
con abusar del corazón
y compañía en mi odisea,
y con tus lances prodigiosos
por remolinos tenebrosos
del vil infierno que timbrea .
II
Es tu brumosa seda abrigo,
que te acicalas a placer
Sin querer nada ya saber...
que no vendrás, dicen, conmigo.
Abajo, infierno vil, dantesco,
arriba flores, bellas rosas,
y justo en medio de estas cosas
un aire mudo y medio fresco.
Me quedo aquí, sobre el cantil,
entre-escondido en tu plumón,
muy arrimado al corazón,
hasta el regreso de otro abril.
No buscaré entrarle en razón,
-timbrea, amigo, tú timbrea
hasta que suba la marea
y te me cuelgues del balcón-.
Remoto juicio tan tremendo,
no estuve yo como invitado,
y mira ahora, condenado,
nada le doy, nada le prendo.
Un vil infierno que colea
inquieto, abajo, por la acera,
el vil infierno que me espera
mientras molesto me timbrea.
-Timbrea, amigo, tú timbrea-.
No te me creas ser perfecto
ni te acicales con placer,
pues al que bien supo nacer
le da el infierno su defecto.
Sin duda puedo asegurarte:
¡del Ante Infierno tú te salvas!,
allí no vas a criar malvas
pues tu pecado no es cortarte.
El primer círculo te ruega
por confiar siémpre tanto en ti,
solo migajas para mi
que no serán nunca fe ciega,
y son tus carnes tan paganas
que ya te quedas en las puertas,
y si a entenderlo nunca aciertas,
es por pasión y hambres mundanas.
Segundo círculo predigo,
contra los vientos tu penuria,
pecar te veo con tal lujuria,
y abusar tanto de mi abrigo,
te faltaran alas para esto,
con tempestad tan infernal
solo podrás sufrir el mal
y prepararte para el resto.
Doy cortesía y golosina
pues sé que son debilidad
y achinas ojos con deidad,
tu alma al tercero ya camina,
bajo las lluvias infinitas
con tu embarrado y gentil traje,
no acabará aquí tu viaje,
te esperan penas inauditas.
El cuarto círculo acechando,
esta avaricia sin final
quizá parezca algo normal,
sueñas estar siempre cazando;
Vas a cargar peso, ¡maldito!,
de tus presiones conquistadas,
mientras, tus carnes insultadas
al gobernar cada pasito.
No salvarás por elegante
pues te caerás por iracundo
y ganarás, del otro mundo,
el quinto círculo de Dante;
No evitarás con tu pureza
ni regalándome espectáculo,
compartirás triste habitáculo
con cazadores de pereza.
¡El sexto ya!, tienes cabida,
pues siempre escondes ese alma
y a los futuros niegas calma,
paga por ser hereje en vida,
Entre mil diablos, mi diablito
y las tres diosas vengadoras,
pasarás míseras tus horas
en sepulcral fuego infinito .
El minotauro da faena,
pues será el séptimo tu estancia,
con sangre ardiendo por fragancia,
serán tus víctimas condena.
En los demás giros y fosas,
círculos, zonas... hay lugar,
no te los quiero ya contar,
de nada sirven estas cosas,
pues me estoy dando triste cuenta
de que el infierno no te menta,
por ser, de Azor, formas sedosas.
Profunda pena me colea,
contaba yo, junto al halcón,
con abusar del corazón
y compañía en mi odisea,
y con tus lances prodigiosos
por remolinos tenebrosos
del vil infierno que timbrea .
II
Es tu brumosa seda abrigo,
que te acicalas a placer
Sin querer nada ya saber...
que no vendrás, dicen, conmigo.
Abajo, infierno vil, dantesco,
arriba flores, bellas rosas,
y justo en medio de estas cosas
un aire mudo y medio fresco.
Me quedo aquí, sobre el cantil,
entre-escondido en tu plumón,
muy arrimado al corazón,
hasta el regreso de otro abril.
No buscaré entrarle en razón,
-timbrea, amigo, tú timbrea
hasta que suba la marea
y te me cuelgues del balcón-.
Remoto juicio tan tremendo,
no estuve yo como invitado,
y mira ahora, condenado,
nada le doy, nada le prendo.
Un vil infierno que colea
inquieto, abajo, por la acera,
el vil infierno que me espera
mientras molesto me timbrea.
-Timbrea, amigo, tú timbrea-.
Archivos adjuntos
Última edición: