Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pliegas en el infinito desvelo de tu rostro
la trastocada máscara del hoyo marino,
mientras remolonea en tu mano la estrella toroidal
que ilusiona tus labios esculpidos en flamas del sol.
¡Oh, multitud otoñal del navegante solitario!
¡Oh, holografía perenne de la luna avizorada!
rasga el costillar del Universo en mis espaldas
y divisa atónita la riqueza apremiante del beso
de la estrella herida...
Fustiga amada el suave paraje confín de la morada
pues aspiraste allí migajas del plasma y viviste allí
el consolado silencio de la blonda almohada;
en tus ojos quedos, revolotean cunas de plata y
ensueños de horizontes partidos donde habitan
prisiones, frías cuchetas de mil dueños del alma;
créeme: ya no extrañaré ver tu amor cavado en
el mío; ya no aceptaré que caiga conmigo en el
insano abismo de ningún olvido...
la trastocada máscara del hoyo marino,
mientras remolonea en tu mano la estrella toroidal
que ilusiona tus labios esculpidos en flamas del sol.
¡Oh, multitud otoñal del navegante solitario!
¡Oh, holografía perenne de la luna avizorada!
rasga el costillar del Universo en mis espaldas
y divisa atónita la riqueza apremiante del beso
de la estrella herida...
Fustiga amada el suave paraje confín de la morada
pues aspiraste allí migajas del plasma y viviste allí
el consolado silencio de la blonda almohada;
en tus ojos quedos, revolotean cunas de plata y
ensueños de horizontes partidos donde habitan
prisiones, frías cuchetas de mil dueños del alma;
créeme: ya no extrañaré ver tu amor cavado en
el mío; ya no aceptaré que caiga conmigo en el
insano abismo de ningún olvido...
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