dark-maiden
Poeta fiel al portal
Cuando poso mis ojos sobre el cuadro del mar,
no logro esconder la tristeza que me produce
no poder ver la huerta encerrada entre cuatro
astillas de madera conteniendo un estridente
conglomerado de colores candentes.
Porque cada dia que pasa anhelo estar
sentada entre aquellas callejuelas que conducen
hacia el porche en el que guardas tus herramientas,
tus hoces y martillos, para cultivar esa tierra con la
que te ganas un sustento y la entrada a tu sueño
de electrónicos algoritmos.
Hay cierta realidad en tu surrealismo.
Un aire de utopía que no me deja dormir tranquila.
Porque me haces esperar hasta las tres de la mañana
con una vela roja en la mano.
Alivio mi mente, diciéndole a todos los lectores
que esto es mentira, que estoy escribiendo desde un impulso
de mi mente a media noche.
Pero ¿qué sabrán ellos de mis locuras?
Sí, le cuento a las piedras del camino que se tomen
mis palabras como si fueran leyendas, mitad verdad,
mitad no realizada.
Complejo caos el que mis palabras encierran, bendita
perdición de la que no quiero salir.
Porque a veces me pregunto qué hace un huertano
descifrando códigos numéricos.
Que descortesía por mi parte, tal vez el sol me quiera
preguntar qué hace un ser de luz, rezándole tanto a la luna.
Como también el reloj del campanario me puede preguntar
qué hace una misántropa estudiando la historia de la humanidad.
Puede que al final las sirenas se escapen del cuadro, y no me
dejen ir con ellas porque tienen miedo de no poder taparse
los oídos con conchas porque mis susurros duermen en sus cavidades.
La inspiración que me arrebató el gato de la calle de arriba,
me la devuelven las hormigas de la tierra que trabajas.
Descansa, es tiempo de recibir mis mensajes telepáticos,
es hora de que un escalofrío te recorra mientras deseas
que sean ya las siete de la mañana.
Todos los días cuando te miro a los ojos, me gustaría
preguntarte: ¿A dónde van los destellos de las pupilas?
¿Conoces algún cementerio específico para ese fin?
Y seguramente no huirías, simplemente esperarías de pie
hasta que termine mi discurso, porque ayer te vi hablar
con las palmeras y supe que nuestras almas giraban en
las mismas sintonías esquizoides.
Sabrías descifrar mis disonancias.
¿Acaso me juzgarías si supieras que mi diversión
es darle amor a las cosas que no tienen lógica?
¿Tendrías celos de las partículas a las que beso
antes de dormir?
Vamos a perdernos en la huerta.
Dejemos la lógica aparcada y no la recojamos más.
Nuestra vida es una rueda que no sabe circular en
círculos, siempre lo hace siguiendo el baile de las Perseidas.
Dejemos que se alce, porque cuando te sientas a diseñar
planos todas las vegas bajas se convierten en altivas veredas.
no logro esconder la tristeza que me produce
no poder ver la huerta encerrada entre cuatro
astillas de madera conteniendo un estridente
conglomerado de colores candentes.
Porque cada dia que pasa anhelo estar
sentada entre aquellas callejuelas que conducen
hacia el porche en el que guardas tus herramientas,
tus hoces y martillos, para cultivar esa tierra con la
que te ganas un sustento y la entrada a tu sueño
de electrónicos algoritmos.
Hay cierta realidad en tu surrealismo.
Un aire de utopía que no me deja dormir tranquila.
Porque me haces esperar hasta las tres de la mañana
con una vela roja en la mano.
Alivio mi mente, diciéndole a todos los lectores
que esto es mentira, que estoy escribiendo desde un impulso
de mi mente a media noche.
Pero ¿qué sabrán ellos de mis locuras?
Sí, le cuento a las piedras del camino que se tomen
mis palabras como si fueran leyendas, mitad verdad,
mitad no realizada.
Complejo caos el que mis palabras encierran, bendita
perdición de la que no quiero salir.
Porque a veces me pregunto qué hace un huertano
descifrando códigos numéricos.
Que descortesía por mi parte, tal vez el sol me quiera
preguntar qué hace un ser de luz, rezándole tanto a la luna.
Como también el reloj del campanario me puede preguntar
qué hace una misántropa estudiando la historia de la humanidad.
Puede que al final las sirenas se escapen del cuadro, y no me
dejen ir con ellas porque tienen miedo de no poder taparse
los oídos con conchas porque mis susurros duermen en sus cavidades.
La inspiración que me arrebató el gato de la calle de arriba,
me la devuelven las hormigas de la tierra que trabajas.
Descansa, es tiempo de recibir mis mensajes telepáticos,
es hora de que un escalofrío te recorra mientras deseas
que sean ya las siete de la mañana.
Todos los días cuando te miro a los ojos, me gustaría
preguntarte: ¿A dónde van los destellos de las pupilas?
¿Conoces algún cementerio específico para ese fin?
Y seguramente no huirías, simplemente esperarías de pie
hasta que termine mi discurso, porque ayer te vi hablar
con las palmeras y supe que nuestras almas giraban en
las mismas sintonías esquizoides.
Sabrías descifrar mis disonancias.
¿Acaso me juzgarías si supieras que mi diversión
es darle amor a las cosas que no tienen lógica?
¿Tendrías celos de las partículas a las que beso
antes de dormir?
Vamos a perdernos en la huerta.
Dejemos la lógica aparcada y no la recojamos más.
Nuestra vida es una rueda que no sabe circular en
círculos, siempre lo hace siguiendo el baile de las Perseidas.
Dejemos que se alce, porque cuando te sientas a diseñar
planos todas las vegas bajas se convierten en altivas veredas.