pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se hace dolorosa...
la necesidad de tu piel vigorosa.
En el pecho sediento...
erguidas las cumbres
gritan tu nombre al viento.
Asaltante el recuerdo
de tus ojos en celo
implorantes abren...
las puertas del cielo.
El estremecer bendito
que cala mi cuerpo
al paso de tu cetro viril...
es locura sin fin.
Ven , no hagas eterna la tortura,
acude a mis labios sedientos
y quita de mi piel el tormento...
Ven, aférrate a mis caderas
con el salvaje ritmo
que me vuelve fiera...
Has que tu dama juguetona
domine mis defensas,
hasta entregarte mis tierras
entre gritos de guerra...
Abre la senda del pasadizo
que al edén custodia
y entre juegos húmedos
hazlo el centro de tu gloria...
Derrama tu vino
sobre mi cuerpo desnudo
que palpitante se vuelve testarudo,
repite el ritual hasta el amanecer
que en tu cuerpo quiero perecer.