BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo sé que existen pequeñas
médulas, rojizas y ámbares,
que envuelven la noche y sus
aposentos. Y sé también que
los días son apenas más largos,
cuando se trata de aniquilar la ley.
Los dioses resuelven la identidad
luchada y los mediocres absolutistas
mezclan sus discursos con la lengua
embrollada. Sé que los labios musitan
palabras tiernas de amor y odio, que
las caricias despojan de saberes recónditos
a los papagayos de la escritura, y un saber
clásico, decimonónico, respeta los alambres
de los cuadernos. Sé que existen distancias
insalvables y salitres en las camas, vencidos
por las ramas que anulan sus delirios absorbentes.
Cuando a la noche se le cansan los ojos
la luz y los faros, se estremecen las compuertas
que llevan la oscuridad a los cerebros.
Y una envoltura como de aluminio,
fabrica tenues excrementos a la salida
de los hospitales fecundos.
Yo sé que todo esto funda sus ciudades
y recalcitra sus atuendos colosos, mientras,
en mitad de las avenidas, un bronco combate,
de raíces y altitudes renegridas, supura
ídolos fracasados y antiguos corazones tatuados.
©
médulas, rojizas y ámbares,
que envuelven la noche y sus
aposentos. Y sé también que
los días son apenas más largos,
cuando se trata de aniquilar la ley.
Los dioses resuelven la identidad
luchada y los mediocres absolutistas
mezclan sus discursos con la lengua
embrollada. Sé que los labios musitan
palabras tiernas de amor y odio, que
las caricias despojan de saberes recónditos
a los papagayos de la escritura, y un saber
clásico, decimonónico, respeta los alambres
de los cuadernos. Sé que existen distancias
insalvables y salitres en las camas, vencidos
por las ramas que anulan sus delirios absorbentes.
Cuando a la noche se le cansan los ojos
la luz y los faros, se estremecen las compuertas
que llevan la oscuridad a los cerebros.
Y una envoltura como de aluminio,
fabrica tenues excrementos a la salida
de los hospitales fecundos.
Yo sé que todo esto funda sus ciudades
y recalcitra sus atuendos colosos, mientras,
en mitad de las avenidas, un bronco combate,
de raíces y altitudes renegridas, supura
ídolos fracasados y antiguos corazones tatuados.
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