Se arrimó a mi asombro
besándome las manos,
y yo la miraba,
como cuando se quiebra el mundo
y el corazón no lo sabe.
Sólo ella, ella y él,
y yo, mirándome en sus ojos,
apagados, ausentes del momento,
de mis besos, de mis brazos.
En la certidumbre del abismo,
nació la lágrima
derramándose sobre el silencio
que vistió de ausencia la noche.
El tiempo se detuvo,
y era yo, mirándolo,
al borde del vacío
- sola sin él, sola sin mi -
hacia la inmensa oscuridad
que a sido desde entonces
mi abrigo.
Ana Mercedes Villalobos
besándome las manos,
y yo la miraba,
como cuando se quiebra el mundo
y el corazón no lo sabe.
Sólo ella, ella y él,
y yo, mirándome en sus ojos,
apagados, ausentes del momento,
de mis besos, de mis brazos.
En la certidumbre del abismo,
nació la lágrima
derramándose sobre el silencio
que vistió de ausencia la noche.
El tiempo se detuvo,
y era yo, mirándolo,
al borde del vacío
- sola sin él, sola sin mi -
hacia la inmensa oscuridad
que a sido desde entonces
mi abrigo.
Ana Mercedes Villalobos
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