Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
El viento me acompaña pequeño, invisible,
repleto de voces juguetea con mi melena
recién lavada esta mañana,
en mis auriculares suena Serrat: “Penélope”,
en mi libreta amarilla amanecen palabras madrugadoras,
me cruzo con algunas gentes, con sus mochilas y sus prisas,
es lunes, 6:35, todo se pone en marcha,
desayuno un cigarrillo sin remordimientos,
camino sin rumbo abrazado a la ciudad que se despereza,
solo quiero que un rayo de sol se instale en mi piel,
que los versos de estas calles vengan a mí,
construiré con ellos un poema para ti,
tengo los bolsillos llenos de huellas,
algo de dinero para tomarme un té,
un poemario de Pablo Neruda: “Extravagario”,
muy usado y raído pero intacto en su espíritu,
mi trabajo es ser feliz, a veces es complicado
pero le pongo empeño,
trabajé meses atrás en una fábrica
regalando mis horas a la irracional productividad
pero ganando un sueldo
que ahora, durante un tiempo, me permite ser poeta
a jornada completa,
madrugo con mis ganas de vivir a flor de piel
y salgo a buscarme por esta ciudad que tanto me conoce,
amo sus edificios acogedores, sus sufridas baldosas,
las sonrisas de sus árboles, sus palomas piratas,
amo sus calles inamovibles, sus bares siempre fieles,
su río silencioso, la magia de sus noches,
amo sus fuentes generosas, sus puentes eficaces,
sus estatuas orgullosas, sus jardines coquetos,
amo la canción de sus borrachos, el grito de sus inconformes,
la sabiduría de sus ancianos, la esperanza de sus mujeres y hombres,
amo su cielo siempre distinto, la rebeldía de sus jóvenes,
el latir de sus corazones,
la protectora luz de sus semáforos y de sus farolas,
amo sus bancos en los que descanso, escribo,
leo o sueño despierto,
sus bibliotecas imprescindibles, sus museos guardianes del arte.
En ella transcurre mi vida paso a paso, poema a poema,
mi querida Zaragoza que me vio nacer
y a la que soy fiel como el cierzo lo es a ella.
A jornada completa busco versos en sus calles amándolas
porque desde niño yo siempre quise ser poeta.
repleto de voces juguetea con mi melena
recién lavada esta mañana,
en mis auriculares suena Serrat: “Penélope”,
en mi libreta amarilla amanecen palabras madrugadoras,
me cruzo con algunas gentes, con sus mochilas y sus prisas,
es lunes, 6:35, todo se pone en marcha,
desayuno un cigarrillo sin remordimientos,
camino sin rumbo abrazado a la ciudad que se despereza,
solo quiero que un rayo de sol se instale en mi piel,
que los versos de estas calles vengan a mí,
construiré con ellos un poema para ti,
tengo los bolsillos llenos de huellas,
algo de dinero para tomarme un té,
un poemario de Pablo Neruda: “Extravagario”,
muy usado y raído pero intacto en su espíritu,
mi trabajo es ser feliz, a veces es complicado
pero le pongo empeño,
trabajé meses atrás en una fábrica
regalando mis horas a la irracional productividad
pero ganando un sueldo
que ahora, durante un tiempo, me permite ser poeta
a jornada completa,
madrugo con mis ganas de vivir a flor de piel
y salgo a buscarme por esta ciudad que tanto me conoce,
amo sus edificios acogedores, sus sufridas baldosas,
las sonrisas de sus árboles, sus palomas piratas,
amo sus calles inamovibles, sus bares siempre fieles,
su río silencioso, la magia de sus noches,
amo sus fuentes generosas, sus puentes eficaces,
sus estatuas orgullosas, sus jardines coquetos,
amo la canción de sus borrachos, el grito de sus inconformes,
la sabiduría de sus ancianos, la esperanza de sus mujeres y hombres,
amo su cielo siempre distinto, la rebeldía de sus jóvenes,
el latir de sus corazones,
la protectora luz de sus semáforos y de sus farolas,
amo sus bancos en los que descanso, escribo,
leo o sueño despierto,
sus bibliotecas imprescindibles, sus museos guardianes del arte.
En ella transcurre mi vida paso a paso, poema a poema,
mi querida Zaragoza que me vio nacer
y a la que soy fiel como el cierzo lo es a ella.
A jornada completa busco versos en sus calles amándolas
porque desde niño yo siempre quise ser poeta.