La primavera nos amanece de colores
con esa picardía que te tiembla en la mirada
como crepitar de leños
sucediendo en tus labios.
Tus dedos circundando mis espacios,
girando sobre la cima
entre el crujir de las sábanas
en un vibrato de cuerpos creando su melodía.
Nuestros corazones,
dos latidos que al unísono
diluyen el tiempo
en un atardecer de fuego
que nos guía en sus designios
sin equivocar la ruta.
Palpitando en el abismo
tus ojos se tornan brillantes,
tu boca renuncia a su cálida ternura,
para conducirme por el sendero iluminado
de tus brazos,
hasta un nuevo amanecer
junto al lucero peregrino que se anuncia.
Ana Mercedes Villalobos
con esa picardía que te tiembla en la mirada
como crepitar de leños
sucediendo en tus labios.
Tus dedos circundando mis espacios,
girando sobre la cima
entre el crujir de las sábanas
en un vibrato de cuerpos creando su melodía.
Nuestros corazones,
dos latidos que al unísono
diluyen el tiempo
en un atardecer de fuego
que nos guía en sus designios
sin equivocar la ruta.
Palpitando en el abismo
tus ojos se tornan brillantes,
tu boca renuncia a su cálida ternura,
para conducirme por el sendero iluminado
de tus brazos,
hasta un nuevo amanecer
junto al lucero peregrino que se anuncia.
Ana Mercedes Villalobos
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