Había una vez una montaña que se enamoró del agua y el agua se enamoraba de la montaña. Qué extraña combinación pensaban las montañas vecinas. Pero el agua y montaña se comprendían. Su amor se reflejaba tan hermoso por la cual ellos irradiaban. A veces había neblina, a veces llovía, y sus gotas lavaban los afilados lados , y la ruda montaña se ponía tan hermosa y deslizante y tan suave que cambiana de forma con una sonrisa hecha hoyuelo en la cumbre. Y así bajaba cada vez mas montaña en el agua , y esta venía más cerca de la cumbre. Y el amor era una maravilla.