Acaso, cada vez que regresábamos,
donde la piel irradia,
esas fabulas surrealistas y coloristas;
o, acaso, tras esos cuentos del bienestar,
y aquellas primeras bahías de la noche…
de aquellas sugerencias, que engranan con el espíritu;
por lo que exigen,
sus cordilleras de juegos,
su ciudad, en una semilla…
desde aquellas simbologías de los dragones ensortijados…
retorno, con el pecho donde gimen las arenas…
entre esos jardines dadivosos,
con sus sombras, repletas de sedas…
o esos monumentos, que multiplicaron las aves…
con esas melodías, coronadas por rosas;
lo que propone,
la lluvia más delicada,
entre sus manos…
por ella, cristiana , de piel morena.
donde la piel irradia,
esas fabulas surrealistas y coloristas;
o, acaso, tras esos cuentos del bienestar,
y aquellas primeras bahías de la noche…
de aquellas sugerencias, que engranan con el espíritu;
por lo que exigen,
sus cordilleras de juegos,
su ciudad, en una semilla…
desde aquellas simbologías de los dragones ensortijados…
retorno, con el pecho donde gimen las arenas…
entre esos jardines dadivosos,
con sus sombras, repletas de sedas…
o esos monumentos, que multiplicaron las aves…
con esas melodías, coronadas por rosas;
lo que propone,
la lluvia más delicada,
entre sus manos…
por ella, cristiana , de piel morena.