Adrián González Diez
Poeta recién llegado
Aunque te abrace
siento frío.
Aunque te bese,
tus labios son como las gotas
que desgarran el cristal en su caída.
La decadencia se apodera de estos versos imperfectos,
mientras yo inspiro los segundos
de esta soledad ilusoria.
Somos un suspiro del cosmos.
No somos nada.
Somos polvo de estrellas
maravillosamente entretejido
por las manos de la creación.
Con sigilo,
las letras se materializan
en este almanaque cuadriculado.
Con un silbido atraigo a la verdad
que danza ante nosotros.
Somos pergaminos sin nombre.
Somos la historia que se escribe en ellos.
La muerte es el punto final.
Te abrazo
y mis manos se congelan lentamente.
No hay verbo en tu ser.
No hay aire en mi ser.
Nado hasta la orilla
y desvelo al rumor del olvido.
Te beso,
y tus labios sellan la lápida de tu nuestro amor...
para siempre.
Hoy es mañana.
Mañana no existe.
Fluye...
Ama.
siento frío.
Aunque te bese,
tus labios son como las gotas
que desgarran el cristal en su caída.
La decadencia se apodera de estos versos imperfectos,
mientras yo inspiro los segundos
de esta soledad ilusoria.
Somos un suspiro del cosmos.
No somos nada.
Somos polvo de estrellas
maravillosamente entretejido
por las manos de la creación.
Con sigilo,
las letras se materializan
en este almanaque cuadriculado.
Con un silbido atraigo a la verdad
que danza ante nosotros.
Somos pergaminos sin nombre.
Somos la historia que se escribe en ellos.
La muerte es el punto final.
Te abrazo
y mis manos se congelan lentamente.
No hay verbo en tu ser.
No hay aire en mi ser.
Nado hasta la orilla
y desvelo al rumor del olvido.
Te beso,
y tus labios sellan la lápida de tu nuestro amor...
para siempre.
Hoy es mañana.
Mañana no existe.
Fluye...
Ama.
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