ManuHernández
Poeta recién llegado
La luz de la tarde me recuerda mi infancia,
el mundo pequeño gira como un carrusel,
yo no me muevo,
no me resisto.
Estoy a la espera escuchándote,
y me acurruco,
cierro los ojos y en silencio,
sueño con desiertos inmensos,
y otoños sobre campos verdes.
¿Cuándo vendrá mi tormenta?
¿Quién cuidará de ti?
He soñado una costa en un amanecer rojizo,
y soy una piedra,
había unas alas rotas entre las olas,
y podía escuchar el mar,
y entre la aguamarina de espuma,
y el olor de las olas,
se dibujaba un reflejo inhóspito,
el reflejo de un faro,
y unas manos lejanas como sendero,
las manos de la contrición sorda,
la contrición de todos los tiempos,
se estampaban sobre las cruces,
contagiosas,
que iba dejando en mi hábito,
llamándome.
Despierto a la distancia de tus labios,
¿Ha sido solo un sueño?
Veo te reflejo entre los míos,
y estoy en silencio,
escuchándote,
a esa voz distante,
la voz de tus plegarias,
casi ya no te recuerdo,
casi no se quien he sido,
ya no me resisto.
Atavíame solemne,
y de guirnaldas rojas,
cúbreme de hierbabuena y eucalipto.
¿No ves que ya esta aquí mi tormenta?
Apártate ya del angosto sendero,
Ya no hay nostalgia que valga cariño,
deja que me reclame de una vez,
que me reclame la fría tierra.
el mundo pequeño gira como un carrusel,
yo no me muevo,
no me resisto.
Estoy a la espera escuchándote,
y me acurruco,
cierro los ojos y en silencio,
sueño con desiertos inmensos,
y otoños sobre campos verdes.
¿Cuándo vendrá mi tormenta?
¿Quién cuidará de ti?
He soñado una costa en un amanecer rojizo,
y soy una piedra,
había unas alas rotas entre las olas,
y podía escuchar el mar,
y entre la aguamarina de espuma,
y el olor de las olas,
se dibujaba un reflejo inhóspito,
el reflejo de un faro,
y unas manos lejanas como sendero,
las manos de la contrición sorda,
la contrición de todos los tiempos,
se estampaban sobre las cruces,
contagiosas,
que iba dejando en mi hábito,
llamándome.
Despierto a la distancia de tus labios,
¿Ha sido solo un sueño?
Veo te reflejo entre los míos,
y estoy en silencio,
escuchándote,
a esa voz distante,
la voz de tus plegarias,
casi ya no te recuerdo,
casi no se quien he sido,
ya no me resisto.
Atavíame solemne,
y de guirnaldas rojas,
cúbreme de hierbabuena y eucalipto.
¿No ves que ya esta aquí mi tormenta?
Apártate ya del angosto sendero,
Ya no hay nostalgia que valga cariño,
deja que me reclame de una vez,
que me reclame la fría tierra.